Argentina llora con una historia gallega

Juan Luis Martínez

GALICIA

La televisión argentina reúne a tres hermanos gallegos que habían estado 55 años separados por la emigración

08 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La noche del miércoles, dos millones y medio de argentinos se emocionaron frente al televisor ante la historia de Carmen Meaño Troncoso, una pontevedresa de 77 años que llegó a Buenos Aires hace 57 cuando un tío la embarcó junto a su hermano Manuel, quedando en Galicia otros cuatro hermanos que deberían llegar unos meses después, cosa que jamás ocurrió. Dos de los cuatro hermanos fallecieron y en Pontevedra hicieron su vida Divina y Esther, que hoy tienen 76 y 74 años, respectivamente. En 1949 Carmen viajó de regreso a su tierra, pero unos meses después retornó a Argentina porque «había mucho hambre allí», recordó frente a las cámaras. Desde entonces ya no volvió a ver a sus hermanas. Sólo unas cartas, que poco a poco fueron cada vez menos, hasta la resignación y el olvido. En el programa Show Match, que conduce el periodista Marcelo Tinelli en Canal 13, hay un segmento llamado El regalo de tu vida, dedicado a sorprender a los participantes con algo que desean pero no pueden realizar por sus propios medios. Se trata de uno de los espacios de mayor audiencia de la televisión argentina y ayer causó un gran impacto emocional al reunir a los hermanos separados por la emigración. Según informa Agustín Bottinelli desde Buenos Aires, todo comenzó con Carmen y su hermano Manuel tranquilamente sentados en el patio de butacas de un teatro en Buenos Aires. De pronto, la función se interrumpe y desde una enorme pantalla el conductor televisivo pide, por favor, que se identifiquen los españoles que estén presentes en la sala. Manuel y Carmen levantan la mano (por suerte son los únicos) y allí arranca el reencuentro. Carmen cuenta de sus hermanos, del tiempo que hace que no los ve, de lo difícil que es para ella poder volver a Galicia. Entonces, un vídeo muestra a Divina en Pontevedra y Carmen exclama al ver a su hermana: «Vaya por Dios, está gordísima». Se producen risas y luego, al caer en la cuenta de lo que ocurre, comienzan las lágrimas, que ya no cesaron hasta el encuentro en el plató.