Contrastes de mayo

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DOS NOTICIAS contenidas en la página 8 de la edición de La Voz del 9 de mayo son la materia de este comentario. Leemos: «Cuatro muertos en accidentes de tráfico en apenas quince horas». Se dice que «las vías de la provincia coruñesa llevaban 22 días sin percances mortales», y después se añade que «hasta ayer -se refiere al 8 de mayo- sólo se había contabilizado un accidente mortal (el día 3 en Sarria) en las carreteras de Galicia en mayo». La cara positiva de esta primera noticia está en esos días de bonanza sin accidentalidad de signo mortal. No han dejado de constatarse siniestros, si bien -presumiblemente y salvo complicaciones de personas heridas- se ha evitado la pérdida de vidas, lo que resulta ciertamente positivo. Pensamos, después, que si tal es el balance de unos cuantos días cabe plantearse como posible -y no ilusorio- que la vida de las personas no entre en el cómputo necesario de resultados del tráfico al cabo de semanas, de meses y de años. Ocurre, sin embargo, que el tráfico en sus consecuencias últimas es pura aleatoriedad. Así lo acredita la otra cara de esa misma información, al recordar esas trágicas quince horas que han seguido al anterior tiempo de calma.La otra noticia es de distinto cariz: «Un conductor ebrio da una paliza a un peatón al que casi atropella en un paso de cebra». Y se añadirá después que tal energúmeno conducía bajo los efectos del alcohol. He aquí la especie cuyas acciones no cabe enjuiciar sino en el ámbito penal, es la especie que debe segregarse del tráfico, los chronic violators, infractores habituales, predispuestos al accidente y provocadores de accidentes. Con ellos no es posible la seguridad vial. Individualizarlos es tarea pendiente, que tanto tiene que ver con la persistente vigilancia de la circulación.

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