Andalucía, quatre points

LOIS BLANCO

GALICIA

SANDRA ALONSO

DESPUÉS de dejarte acariciar por el capitalismo popular del todo incluido y el sol de la costa atlántica de esa Andalucía que crece porque tiene luz y gente, lo que menos esperas es volver al tajo, la humedad y las predicciones de tiempo variable, y encontrarte con Chaves hasta en el caldo.

22 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando creías que lo habías dejado a ochocientos kilómetros al sur, se aparece amarrado a una bandera con la fe de Juana de Arco. Andalucía, una tierra fértil, hermosa y cálida, esa misma tantas veces parodiada por los nacionalismos norteños para hacerse ver ellos diferentes, ya es una «realidad nacional», según su nuevo Estatuto. Está a un paso de participar en Eurovisión: «Andalucía, quatre points». Los de CiU anunciaron el viernes que están encantados y que votarán que sí al texto andaluz en el Congreso, porque el suyo pactado con Zapatero deja claro que ellos son nación, y los andaluces, en cambio, fetiño de nación. Vino a decir Artur Mas antes de echar una sonrisa a la cámara. Asturias no trastocará sus planes. El vecino Areces afirmó que él se conforma con que su estatuto, también en obras, sentencie que ellos son «comunidad histórica». Pobre, pero histórica. Que la dignidad no falte a este baile, ¿verdad? Asturianos y nosotros vivimos en dos de las tres autonomías que menos han crecido en el primer lustro del siglo XXI, que parece que empieza como acabó el otro. Murcia y la realidad nacional andaluza, las que más. Aquí nos desangramos y envejecemos; al sur, en cambio, ganan población. Sólo en diez años, Andalucía y Murcia crecieron en más habitantes que todos los que le quedan al Principado. Para crecer como ellos nos harían falta dos cosas. Una imposible, y la otra, factible. Su clima y más gente. Beneficiarse del flujo de inmigrantes que ha convertido a España en el estado con mayor crecimiento proporcional de población de Europa. Ese sería el síntoma de que, al fin, disfrutamos de los efectos económicos que siempre están detrás de cualquier proceso migratorio. Porque siempre se emigra a un lugar empujados por la creencia de que allí el futuro será mejor. Lo saben los que se fueron a Suiza, Alemania... y la Sudamérica de otros tiempos que tanta felicidad prometía. Galicia y Asturias, España toda, necesitan gente para un futuro mejor, pero los políticos en masa se concentran como niños con un Lego para levantar muros de papel y naciones. A mí, plin. ¡Total! Tanta nación, tantas gaitas, y esto va a acabar como el proceso autonómico de los ochenta. Con café para todos.