La resistencia de Pepe Miñones

Agustín Bottinelli CORRESPONSAL | B. AIRES

GALICIA

A.B.

Crónica | Buenos Aires se moviliza en defensa del bar Británico Un clásico café bonaerense regentado por un coruñés busca evitar su cierre definitivo después de que este gallego lleve más de 45 años al frente del local

03 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Los bares de Buenos Aires, algunos con decenios de vida, tienen un carácter especial para los habitantes de la capital: en cada uno de ellos hay, al menos, un gallego. Inmigrantes con una historia hacia atrás, muy parecida en todos los casos, y con otra hacia delante que tiene que ver con la nueva vida del otro lado del mundo. En los últimos días, uno de estos reductos, el bar Británico, ubicado en el centenario barrio de San Telmo, en la esquina de las calles Defensa y Brasil, ha sido motivo de una importante movilización popular para evitar su cierre. La historia del bar comenzó en 1928 y se le puso ese nombre porque en la zona habitaban muchos ingleses. Frecuentado por escritores, artistas y bohemios, sobre sus mesas de mármol escribió Sábato parte de su novela Sobre héroes y tumbas. Desde 1992, el bar Británico forma parte de patrimonio cultural de la ciudad y desde el 2000 es uno de los 51 bares notables que según la normativa municipal debe recibir un tratamiento especial que posibilite su continuidad. Y como no podía ser una excepción, en el bar Británico no hay un gallego sino tres. Al frente del mismo está Pepe Miñones, un coruñés que llegó a Buenos Aires en 1957 y se hizo cargo del bar en 1960. Dos socios, también gallegos, lo secundan en esta aventura que hoy se ha convertido en una lucha por sobrevivir: José Trillo y Manuel Pose. Máquinas de Internet El propio Miñones explica con cierta resignación la situación actual: «Alquilamos el fondo de comercio del Británico en 1960. En efecto, el 31 de marzo teníamos fecha para desalojar. El dueño quiere poner uno de esos sitios con máquinas de Internet. Este bar funciona bien los fines de semana, pero el resto de los días, lo que entra apenas alcanza para los gastos. Todo tiene un principio y un fin. Cuando empecé tenía 23 años, ahora casi 70. Aunque hoy trabajo 8 horas diarias, en algún momento trabajé 12. Este bar es mi vida, toda una historia que quedó acá». Aunque Pepe es el patrón, durante los casi 45 años que estuvo al frente del bar jamás dejó de trabajar como camarero y atender personalmente a sus clientes. Y aunque el dueño, Juan Carlos Benvenuto, llegó el día previsto con la intención de cerrar el local, el desalojo no se produjo gracias al cariño que vecinos y parroquianos tienen por este gallego al que ya le cuesta mantener el tipo durante tantas horas, pero a fuerza de tozudez sigue yendo del mostrador a las mesas y de las mesas al mostrador. Más de 14.000 firmas juntaron los vecinos para evitar el desalojo. Y se sumaron voces como la de Daniel Scioli, vicepresidente de Argentina, que fue a jugar varias partidas de ajedrez al Británico la semana pasada como muestra de adhesión. Hasta Joaquín Sabina, de gira por Buenos Aires, echó una mano y dejó escrito en el libro de visitas: «No cierren la memoria. Británico abierto, siempre». El conflicto está en manos de los abogados y como Pepe jamás dejó de pagar un mes de renta (1.250 euros) es posible que con la intervención del gobierno de la ciudad el bar Británico siga allí, haciendo historia.