Pensar en XL

LOIS BLANCO

GALICIA

PACO RODRÍGUEZ

AUNQUE la monarquía tiene más pasado que futuro, los de Avilés y los de Oviedo han dedicado la semana a insultarse en la riña que se traen por albergar el museo de la Fundación de los Premios Príncipe de Asturias.

04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Una discusión inútil, como es bien conocido a este lado del Eo, donde ciudades y pueblos se disputan la capitalidad, los aeropuertos, el AVE fugaz, las sedes de los juzgados, las oficinas del Inem o las especialidades gastronómicas con día de exaltación. La última vez que en Galicia se planificó en talla XL fue hace más de mil años. Levantaron una catedral y un mito con la grandeza suficiente para convertirlo en el segundo centro de peregrinación de Europa, después del Vaticano. Las disputas localistas, por un lado, y la ausencia de audacia, por otro, han originado un país en el que hay en todos los sitios un poco de todo. Como en tiempos lavaderos en las parroquias, todas las ciudades quieren que se les pongan orquestas antes que conservatorios, fundaciones o centros de arte contemporáneo, museos sin fondos. Con excepciones contadas, lugares semivacíos, cuya capacidad de atracción no supera a veces el límite de la comarca. Aunque ya no vive aquí, Fraga fue un maestro en la política de lavaderos para todos. Con la excepción de la Ciudad del Gaiás. Un disparate de planificación que no podría repetir en otra ciudad gallega, aunque siguiese durante otros dos mandatos, simplemente por falta de fondos. Alguien pensó en grande, pero tan poco rato que nadie del PP sabe justificar la utilidad o rentabilidad del destino al que querían dedicar cualquiera de los cinco edificios inacabados del monte santiagués, que limita al sur con la AP-9 y al norte con la circunvalación. Un lugar ideal para una gasolinera. Pero está ahí y se ve. Una ciudad inacabada e imponente. Sin marcha atrás, salvo que alguien quiera enterrar para siempre los 350 millones que ya se ha tragado Gaiás. El bipartito ha hecho un alto en la construcción, asumiendo que, si bien la Xunta anterior no sabía qué meter debajo de la estructura diseñada por Eisenman, al menos ha dejado de herencia una obra inconclusa de impacto internacional. Para esos cinco contenedores en busca de contenido, los sucesores del fraguismo tienen una oportunidad de planificar en talla XL. De abstraerse, desenroscarse de la bandera y aportarle al Gaiás un atractivo internacional que redunde en el turismo y en la cultura universal. También pueden convertirlo en museo patriótico, a más honra de la galaxia artístico-intelectual gallega, y al que sólo irán los chavales de los colegios en excursiones organizadas. El documento del pacto de gobierno entre PSOE y BNG obvió esta patata caliente con dos líneas vagas para evitar una confrontación entre ambos. Ahora ha comenzado la cuenta atrás del plazo que se ha dado la Xunta para decidirse por uno de los dos modelos. Se admiten apuestas.