El dedo de Cristóbal Colón

LOIS BLANCO

GALICIA

UN equipo de investigadores de la Universidad de Granada lleva meses analizando el ADN de los catalanes con apellidos Colom y Colombo para desentrañar el lugar en el que nació Cristóbal Colón.

04 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Va a resultar que el almirante no era genovés, sino de una familia noble catalana. Un corsario que combatió a la monarquía de Castilla y que luego ocultó sus orígenes cuando Isabel la Católica le financió la expedición a las que iban a ser las Indias. La teoría de la catalanidad del descubridor ya se ha difundido este invierno a través de Discovery Channel y el documental Enigma Colón. Las Ramblas de Barcelona acaban desde hace tiempo ante un monumento del almirante, que señala hacia el mar con el dedo índice alargado y el brazo extendido. Menos mal que la investigación genética va lenta y no les ha dado tiempo a los creadores del Estatut de incluir un artículo que reclame una compensación económica por la apropiación monopolística que hizo la Corona de Castilla de los tesoros que se les incautaron a los indios que conoció Colón hace quinientos años. Porque, después de escuchar a Maragall de prédica por Galicia, no quedan dudas: este alboroto tiene su razón de ser en una cuestión de pasta. El presidente de la Generalitat dio y recibió frases elocuentes durante su estancia el jueves y el viernes en Galicia. Ellos van a ganar con el Estatuto, Galicia va a ganar y todos tenemos que estar felices y comernos unas perdices, a cuenta del fondo de solidaridad del Estado. Maragall visitará otras comunidades gobernadas por el PSOE para rendir cuentas de las bondades de la reforma, contrarrestar la algarada que ha montado el PP con la recogida de firmas y serenar los ánimos de los militantes socialistas que no viven en Cataluña. En su conferencia, el jueves, en Santiago, estuvo espléndido. Divertido, agudo y persuasivo. Hasta argumentos rocambolescos parecían lógicos. Convincente hasta que llegó a la cuestión pecuniaria. El modelo de financiación que propone el Estatut es una ampliación del porcentaje que les corresponde a las comunidades de aquellos impuestos que comenzó a ceder González y amplió Aznar para ganarse el apoyo de Pujol en su investidura en 1996. Podría funcionar sin desigualdades si luego se compensa a las comunidades más pobres -por tanto, con menos recaudación- desde el Estado. ¿Dónde está el truco? En la obligación que se pretende imponer al Estado para que incremente más de un 30% sus inversiones en infraestructuras durante los próximos siete años en Cataluña. Pacto prorrogable, recordó varias veces Maragall, por el que se aumentaría del 12% al 18% el porcentaje que le corresponde a Cataluña de todos los millones de Fomento hasta el 2013 para repartir hormigón por toda España. Es su Plan Cataluña. Es un tópico desde Cristóbal Colón, pero la pela sigue siendo la pela.