Memorias a distancia

LOIS BLANCO

GALICIA

SANDRA ALONSO

INAUGURÓ una obra en Lugo sin bajar del coche, estrechó la mano a un maniquí, cazó un elefante en África y fue omnipresente durante dieciséis años en Galicia.

21 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

¿Dónde se ha metido Fraga? Pasa las tardes en un piso prestado, de espaldas a la catedral, escribiendo a bolígrafo Final en Finisterre, memorias de cuatro mandatos y una derrota. De aquellos cientos que revoloteaban a su alrededor mientras estaba en Raxoi, el palacio que mira de frente a la fachada barroca de la catedral, no queda casa nadie. Los que quedan le aconsejaron que dejara el bolígrafo y que dictase sus recuerdos a un programa informático. No le convencieron; va por el décimo capítulo manuscrito. Durante cuatro años fui detrás de él por el mundo para contar lo que veía: Australia, Brasil, Libia, Cuba, Rusia... Siempre vi a un personaje solitario y contradictorio. Era el mismo hombre el que lloraba al escuchar una gaita que el que trataba, en ocasiones, a sus subordinados a lo bestia. Capaz de conocer mejor el arte del país que el guía que lo acompañaba, pero incapaz de disfrutarlo por las prisas para llegar al siguiente acto. Antes de que el jersey a rayas de Evo Morales haya puesto a Bolivia de moda, Fraga había recorrido el altiplano para recibir una medalla en una aldea cocalera. Aquellos aimaras de los últimos tiempos de Hugo Banzer jamás habían visto a nadie circular a tal velocidad por sus pistas de tierra como la caravana de todoterrenos de Fraga. Si por él fuera, ni paraba a recoger las guirnaldas que le ofrecían a su paso los aldeanos. Fue un dirigente contradictorio, que pretendía gozar con el dominó y al mismo tiempo desear que la partida acabase en punto. Pero quizá la mayor contradicción que envuelve al vilalbés está por llegar. A sus ochenta y tres años, superada la tristeza que lo abatió en otoño y con las fuerzas debilitadas, Manuel Fraga acabará sus memorias Final en Finisterre muy lejos de aquí; en Madrid. En la segunda semana de febrero, el Parlamento lo designará senador en sustitución de Corina Porro. Se irá a vivir al piso de Madrid de su hija Isabel, de profesión médica y que lo acompaña desde hace varios meses. Se va para ocupar un escaño en una Cámara inútil. Touriño le ofreció en privado una solución transitoria en Galicia mientras no se articulaba una ley para los ex presidentes de la Xunta. Fraga rehusó hablarlo siquiera. Por su tozudez y por la sonrojante incapacidad del PP para gestionar la última etapa de su presidente fundador, el próximo mes habrá un octogenario escribiendo por las tardes a bolígrafo su historia de dieciséis años en Galicia fuera de Galicia.