Un misterio de 60 años

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos La desaparición de una patrulla americana en el Atlántico marca el inicio de un mito: la extraña pérdida de aviones y buques en el Triángulo de las Bermudas

02 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Una tarde apacible. Desde la cabina de mandos no se vislumbra nada fuera de lo normal, apenas se percibe algún ruido, solo el vuelo de una gaviota de acero y de un motor a una considerable altura. Los cinco aviones pertenecientes a las fuerzas aéreas norteamericanas habían salido de la base de Fort Lauderdale, en Florida, para realizar un vuelo rutinario cerca de las islas Bahamas. Al mando de la expedición, formada por 13 cadetes, se encuentra el teniente Charles Taylor, experimentado piloto que se toma con tranquilidad un circuito que no sobrepasa los 120 kilómetros rumbo al Atlántico. Tienen gasolina suficiente. Aparentemente no sucede nada extraño, el sol brilla con generosidad y el mar parece que está durmiendo la siesta. De pronto, algo va mal. Los jóvenes militares se miran, sus rostros reflejan el miedo a lo desconocido, lo que se aprecia tras un leve vahído y, sobre todo, en su entrecortada respiración que empaña los cristales. Taylor comprueba asustado que no funcionan las brújulas de las naves y envía un mensaje de auxilio a la torre de control, cuando todavía no han transcurrido dos horas desde el despegue. Sus palabras llegan temblorosas, casi inaudibles: «Esta es una emergencia. No sabemos donde estamos. Todo se ve mal, incluso el océano parece extraño». Aguas blancas La comunicación, que dura breves segundos, se interrumpe después de que en tierra escuchen su situación geográfica poco clarificadora, ya que dicen que se encuentran sobre aguas blancas. Se ha perdido todo contacto. A la zona enviaron al hidroavión Martín Mariner con 13 tripulantes que corrieron la misma suerte. Ya eran 27 las personas incluidas en dos incidentes cuyo origen es clasificado como «causa desconocida». No se volvió a saber nada de ellos. La desaparición del vuelo 19 cautivó a Steven Spielberg que, a finales de los años setenta, recreó la historia en la película Encuentros en la tercera fase . El filme se inicia con la aparición de los aviones en el desierto de México, perdidos en aquel diciembre de 1945, enviados hasta allí por un platillo volante y con los tripulantes abducidos, pero aparecieron. Quienes no dieron señales de vida fueron las miles de personas de las que no se tuvo noticia desde que pasaron por el espacio comprendido entre la península de Florida, Puerto Rico y el archipiélago de las Bermudas. Supuestamente, en los últimos años, el también llamado Triángulo del Diablo o Limbo de los Perdidos se ha tragado a más de 50 barcos. Uno de esos fue el francés Rosalie que en 1840 cubría la ruta La Habana-Europa y que fue hallado navegando por la zona del triángulo con las velas desplegadas, la carga intacta, pero sin tripulación. El mismo destino tuvo la fragata británica Atlanta que se dirigía a Inglaterra y que desapareció con 290 personas a bordo. Pero la leyenda comenzó hace 60 años con el Vuelo 19 y surgieron todo tipo de teorías para explicar las posibles causas que provocan que no se encuentre a ninguna víctima ni a un simple trozo de madera. Entre el mito y la realidad se debate el Triángulo de las Bermudas, con explicaciones de todo tipo, desde las más lógicas que atribuyen la desaparición de las embarcaciones y de su tripulación a la extensa zona marítima, 3.900.000 kilómetros cuadrados. Las fuertes corrientes y el disturbio magnético pueden ser la causa de que no se hayan encontrado restos de los aparatos y ni de personas. Otras teorías sugieren que bajo la tumba del Atlántico se hallan pirámides construidas como fuente de energía que alteran el sistema de control de barcos y naves. Lo cierto es que nada se ha podido probar y el misterio, 60 años después, continúa.