Los militares de la Brilat pontevedresa desplazados a Pakistán dan carpetazo al 2005 con la añoranza de no poder pasar las fiestas navideñas en compañía de los suyos
30 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Lo de esta noche no será un cotillón por todo lo alto, pero será una fiesta en la que no faltará ni el marisco. Los militares de la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable (Brilat) de Pontevedra despedirán el 2005 desde Arja. Algunos no dudarán en seguir el ejemplo del cabo Gonzalo Cagide González y tomarán las uvas dos veces: «Supongo que se estará preparando algo para retransmitir las campanadas en directo, que aquí serán las cuatro de la madrugada... Yo las tomaré a la hora de aquí y a las cuatro repetiré». Con dos misiones anteriores a su espalda -Kosovo e Irak-, este vecino de Carballo reconoce que las Navidades en Pakistán son unas «fechas un tanto difíciles», pero sobre todo para las familias que aguardan en Galicia. No obstante, el Ejército lo ha dispuesto todo para que los militares se sientan casi como en casa. Así, al igual que el pasado 24 de diciembre, esta noche será especial en la base paquistaní. La cena comenzará con el omnipresente y tan típico marisco, al que seguirá un surtido de ibéricos. Como plato fuerte: dorada. Y de postres, tarta de San Marcos y el tradicional surtido navideño. Todo ello regado con vino y cava, y café de último. Tal vez la cena sea algo políticamente incorrecta porque en plena cruzada contra el tabaco, en Pakistán no faltarán, en principio, los puros. Y luego la fiesta. «Aquí tenemos hasta gaitas, o sea, que algo se hará», añade entre risas Gonzalo Cagide. Reconoce que «las fechas en las que nos encontramos, que todos nosotros queremos pasar con nuestras familias», es lo que peor lleva, por encima de la meteorología: «Durante el día hace buen tiempo, hay calorcillo, pero lo peor es a partir de las siete de la tarde, que empieza a refrescar, cuando se nota que es invierno». Pero, al mismo tiempo, a los militares pontevedreses de la Brilat los embarga un sentimiento contradictorio, ya que son conscientes de que pasar la Navidad en Arja conlleva el ayudar a una población que sufrió en octubre un devastador terremoto. «Se ve que estamos ayudando y que nuestra labor sirve para algo». Ese día a día también lo está viviendo en primera persona Luis González Carballo, vecino de Marín. A pesar de su experiencia en tres misiones -dos en Kosovo y la de Irak-, no duda en afirmar que estos días se le están haciendo muy extraños, dado que es su primera operación en Navidad. Curiosamente es también la primera vez que estas fechas cogen a la Brilat en un operativo de estas características. No obstante, sostiene que el trabajo les tiene muy ocupados: «Arreglamos carreteras, desescombramos... Ahora mismo estamos reconstruyendo unas aulas de unos colegios y un hospital. Lo llevo bien». Uno de los aspectos que más han variado desde que comenzó la intervención en Pakistán ha sido la visión que la población civil tiene de los militares gallegos. Al principio, sus rostros reflejaban todo tipo de recelos. «Nos miraban como si fuésemos bichos raros», pero el paso del tiempo limó todo tipo de posibles asperezas y ahora la relación es muy buena. De hecho, tal y como indicó el teniente coronel Ruíz Arnal, «ha habido alguna vez que habitantes de esta zona se han acercado a echar una mano a nuestros zapadores». En cualquier caso y de cara al año que comienza dentro de unas horas todos tienen un deseo: salud. «Es lo que se pide siempre y lo seguiré pidiendo», acota Gonzalo Cagide. ¿Y los regalos? Tanto este último como su compañero de Marín aseguran que sus familias se los tienen guardados hasta su regreso, que está previsto que tenga lugar a finales de enero. En cualquier caso, nadie duda de lo acertado de las palabras de Luis González cuando, sin titubear, dice que «el mejor regalo será un abrazo de ellos», de su familia.