64 días enterrada en el infierno

Pilar Vegas

GALICIA

GORAN TOMASEVIC / REUTERS

Vecinos de Muzaffarabad, en Pakistán, rescataron el domingo con vida a una mujer que quedó sepultada bajo los escombros en el seísmo de hace dos meses

13 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Nacer en Pakistán es algo parecido a nacer en el infierno sobre la tierra, una de las zonas más pobres, azotada por las guerras y por un terreno empeñado en agitarse y destrozar todo lo que no tiene más remedio que vivir sobre él. Pero precisamente en estos infiernos es donde se producen los milagros. Como el de nacer dos veces. Naqsha Bibi lo ha hecho. La primera vez que nació fue hace unos cuarenta años, aunque su aspecto avejentado, su cara surcada por arrugas y sus ojos hundidos no ayuden a saber los años que lleva luchando. La segunda vez que nació fue hace cuatro días, cuando unos vecinos la encontraron bajo los escombros de su casa de Muzaffarabad, capital de la Cachemira paquistaní, derruida en el terremoto del pasado 8 de octubre. Creían que ella era una más de las cerca de 90.000 víctimas en que dejó el seísmo en el norte de Pakistán y en la India. Pero estaba viva. Inconsciente, muy deshidratada y con numerosos traumatismos por su cuerpo, Naqsha fue trasladada de urgencia e ingresada en un hospital de la Asociación Médica Islámica de Pakistán, pero nadie se explica cómo ha podido sobrevivir 64 días, ya no bajo los escombros de una ciudad reducida a migajas, sino sin alimento ni agua, aparentemente. Un misterio que se resolverá cuando Naqsha pueda hablar y cuente su calvario. Aunque pasará unos días en cuidados intensivos, y se le está administrando líquido por vía intravenosa, los médicos aseguran que está fuera de peligro. La suerte, pese a todo, parece estar del lado de Naqsha. Sus vecinos ya no esperaban encontrar a nadie con vida. Hace semanas que su esfuerzo, desde que amanece hasta que el sol se esconde, se centra en localizar los cadáveres de sus familiares para poder enterrarlos y en buscar los trozos de escombros más aprovechables para la construcción de viviendas de urgencia para enfrentarse a un gélido invierno. Y en esta búsqueda de material muerto, apareció Naqsha con su milagroso hilo de vida. El pasado octubre, varios centenares de miles de familias se quedaron sin vivienda en uno de los terremotos más trágicos de los últimos años en Pakistán. Cachemira, que ya estaba convertida por las guerras y por la acción de los terroristas en un territorio sin futuro, es hoy un inmenso campo de refugiados de tiendas de campaña y de chamizos construidos con restos de las casas, que vuelven y vuelven a venirse abajo. Ahora, sobre Pakistán sobrevuela otra amenaza natural: el frío. Sin casas, sin abrigo, con mucho ganado muerto, la ONU ha advertido de que muchas de las personas que han sobrevivido al terremoto pueden morir por el intenso frío del invierno. A más de 1.500 metros sobre el nivel del mar, según el organismo internacional, las necesidades más urgentes de los supervivientes son 2,4 millones de mantas (lo que permitiría que cada familia llegara a tener nueve) o 1,2 millones de edredones, así como 170.000 sábanas plásticas y doscientas mil lonas impermeables. «La gente de la región está en grave peligro y sus necesidades son inmediatas», aseguró la portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones, Jemini Pandya, para quien «la ONU ha agotado las reservas mundiales de tiendas de campaña para el invierno». Ayer el destino volvió a cebarse en los paquistaníes y les envió otro terremoto. Fue menor, aunque destruyó más de cuatrocientas viviendas, porque ya casi no queda que destruir.