Madre dieciséis veces

GALICIA

El Consejo de Ministros galardonó ayer con la medalla de oro al Mérito en el Trabajo a la santiaguesa de adopción María Esther Fernández Lemos

18 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

María Esther Fernández Lemos es una luchadora. Su tesón ha sido reconocido con una medalla de oro al trabajo. Nació en San Miguel de Pereira, en el municipio de O Pino, hace 79 años y «todo el sacrificio» de su vida han sido sus 16 hijos. Su historia es la de toda una generación. Su padre emigró y murió de neumonía antes de regresar. Su madre no se volvió a casar y la ayudó a sacar adelante a los niños. María Esther empezó a ayudar en el trabajo a los 5 años. Eso no impidió que sacase buenas notas en el colegio hasta los 12, cuando se vio obligada a dejarlo para emplearse como dependienta. Después, de los 19 a los 31, luchó contra el asma en los molinos de harina de Santiago. Su marido estuvo en el frente de Madrid durante la Guerra y después fue guardia civil hasta 1944. En 1946 tuvieron su primer hijo, y en 1957 ya tenían diez. Fue una época muy dura: «Había carencia de cosas indispensables. Cuando le pusieron inyecciones a mi primer hijo, no había alcohol en la farmacia y tuvimos que quemar aguardiente para esterilizar las agujas», recuerda. María Esther aprendió esos trucos «oyendo los comentarios de los clientes» en su trabajo de dependienta. Un empleo duro en tiempos del racionamiento, cuando perder uno de los cupones era una tragedia debido a la escasez. No tuvo hermanos, y cree que eso le causó «la ilusión que sentía por los niños». «Con esa ilusión y poco a poco», llegó a tener 16. Aunque reconoce que «no quería tantos, porque el sexto parto fue muy difícil». A pesar de las dificultades económicas, logró darles una educación a todos. «Me arreglé, pero las pasé canutas», dice con ironía. No fue el único sinsabor, recuerda especialmente la pérdida de dos de ellos: «Me tocó de verdad, me hizo mucho daño». María Esther recuerda los días en que se ponían enfermos «tres o cuatro a la vez, y los iba atendiendo de habitación en habitación». Cuando se peleaban, ella, que «tenía mucho genio, los castigaba; porque si le das la razón a uno el otro se pone celoso, y es todavía peor». María Esther cree que hoy la gente tiene menos hijos no por falta de dinero, sino de tiempo. «Eres muy esclavo de ellos, porque uno solo exige mucho compromiso, dos el doble y así en adelante», explica. También cree que sin la ayuda de su madre y de su marido, que murió hace tres años y nunca volvió a los lugares donde combatió, «no lo hubiese logrado». La medalla de oro al Mérito en el Trabajo es un reconocimiento que la «pilló por sorpresa». Pero lo cierto es que el galardón equipara el trabajo encomiable de una madre con el de otros premiados, como la Cruz Roja, el periodista Iñaki Gabilondo, el cantante Joan Manuel Serrat o una de la víctimas del 11-M, Laura Vega, que está en estado vegetativo. Y, aunque a veces cree que «hay poco que contar y mucho que olvidar en esta vida», hoy por hoy se siente orgullosa de su esfuerzo y de sus hijos, que tanto la ayudaron y que ya le han dado 25 nietos y dos bisnietos.