La compañía armadora para la que trabajaba su marido lo dejó en tierra en Marín y ella decidió emprender viaje a Galicia para probar suerte
11 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Desde los 14 años, Victoria Shaposhnikova no ha hecho más que pelear para salir adelante. Empezó a hacerlo cuando la muerte le arrebató a su madre de forma inesperada y desde entonces sólo ha ido ganando carreras a la debilidad. Al principio luchaba por sí misma, ahora, desde hace catorce meses, también tira de la vida de un precioso niño para el que quiere, como cualquier madre, lo mejor del mundo. A Victoria Shaposhnikova el mar la trajo a España. Desde la península de Crimea saltó a la de Barbanza con un visado de turista. Lleva seis años en tierras gallegas, pero sólo desde hace uno duerme tranquila, con el permiso de residencia a buen recaudo. Esta joven de 28 años con pelo rubio e intensos ojos azules tomó la decisión de venir cuando su marido, un oficial de pesca con un título aún sin homologar en España, se quedó en tierra porque la empresa armadora para la que trabajaba vendió el barco a su llegada al puerto de Marín. Así fue como este matrimonio ucraniano decidió iniciar una nueva vida. Hace tres años, de nuevo con el mar como aliado, Victoria y su compañero recalaron en Ribeira. Ella se siente feliz en la capital barbanzana y afirma que sólo volvería a Ucrania de vacaciones. Le gusta la ciudad ribeirense por su tranquilidad. «Puedo pasear de noche con mi pequeño sin temor a que intenten robarme», dice. Victoria Shaposhnikova habla un español muy fluido que aprendió en menos de un año a fuerza de mirar programas televisivos. Su dominio del idioma y su capacidad de adaptación le han permitido integrarse sin dificultad: «No echo nada de menos de mi país -comenta con esa energía que irradia - porque ni siquiera existen grandes diferencias culinarias». Galicia es ahora su nuevo hogar, y eso que inicialmente tanto su intención como la de su marido era pasar en Galicia el tiempo justo para obtener unos ahorros y regresar a Crimea: «Estoy contenta aquí porque si trabajas y luchas puedes ganar un sueldo para poder vivir dignamente e, incluso, aspirar a tener tu propia casa. En Ucrania las cosas no cambian para mejor. Resulta muy difícil encontrar trabajo, puede que la situación cambie dentro de veinte años, pero ahora no se perciben síntomas de mejoría». La decisión del Gobierno de abrir un proceso de regularización para los inmigrantes ilegales que llevaban más de seis meses viviendo en España hizo que variase su perspectiva de las cosas y a partir de ese momento comenzó a pelear por quedarse, lo que ha logrado.