Detenido un mendigo por dar una paliza a un párroco de Vigo y a su hermana para robarles 300 euros

E. V. Pita VIGO

GALICIA

?a policía nacional ha arrestado a J.?C.?V.?F., de 39 años, como sospechoso de haber dado una paliza al párroco de San Pelaio de Navia, de 80 años, y a la hermana de éste, de 65, para sustraerles 300 euros. El asalto se produjo el pasado domingo, a las tres de la tarde. El supuesto atracador acudió a pedir limosna a la casa rectoral de Navia, en las afueras de Vigo. La hermana del párroco le abrió la puerta porque conocía al mendigo de otras cuatro veces que había ido a pedir caridad durante el último trimestre. La mujer le dio un euro. Entonces, el pedigüeño se abalanzó sobre ella, la golpeó y la arrojó al suelo, a la vez que exhibía un cuchillo de grandes dimensiones. El párroco oyó los gritos y acudió en su ayuda. «El asaltante debió pensar que yo no estaba», recuerda el sacerdote. Éste le hizo frente, mientras separaba a su hermana. «Traté de apaciguarlo», relata. El individuo exigió la cartera al párroco, que contenía 40 euros, cantidad que le pareció poca. El religioso aprovechó un descuido para intentar arrebatarle el cuchillo, pero el mendigo reaccionó y lo golpeó a puñetazos en la frente, al tiempo que lo amenazaba de muerte. El agresor obligó al cura a ir al despacho por más dinero. La víctima le ofreció varios billetes de una bolsa, pero el atracador exigió «todo». Se hizo con 300 euros y huyó. Los agentes del Distrito Travesas detuvieron al día siguiente al sospechoso, con dos antecedentes por tráfico de droga, en su casa. «El dinerito que vuelva» José Costas, el párroco de San Pelaio de Navia, ignoraba ayer que la policía ya había capturado al supuesto atracador: «A ver si lo cogen y que no vuelva a hacer mal». Esta no es la primera que asaltan la casa rectoral. El cura todavía guarda en la memoria una aciaga noche de 1986 que entraron dos encapuchados. Le desvalijaron la casa y le robaron el coche. «Aquello me causó gran trastorno», lamenta. Sobre el reciente suceso dijo que el agresor «es un drogadicto y no disculpo lo que hizo, pero entiendo su situación; debería haber mejoras sociales para la gente que pide con el fin de que se pueda pagar una pensión o una cama». El religioso no quería denunciar los hechos, pero la policía lo convenció. «Si no se atajaba ahora, habría más víctimas», dice. «Es un drogadicto y le perdono, pero el dinerito que vuelva para aquí», añade.