Crónica parlamentaria | El papel de la oposición La acción del único partido de la oposición se ve limitada por la apisonadora del «3 contra 1» que aplica el Gobierno bipartito, pero también por su propia desubicación parlamentaria
15 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«¡Estou farto!». Esta fue la empachada expresión utilizada en el último pleno del Parlamento por el líder del PP, Manuel Fraga, para quejarse de que, sistemáticamente, las preguntas al Gobierno bipartito le reboten convertidas «nunha crítica» a sus 16 años al frente de la Xunta. La demoledora regla del 3 contra 1 -tres intervenciones de la coalición gobernante (Ejecutivo, PSOE y BNG) por cada una de la oposición- hace estragos en las filas populares, si bien el hartazgo de Fraga no sólo es producto de esta cartilla de racionamiento, sino también de la descolocación que sufren los suyos en el Pazo do Hórreo. Un ex-conselleiro, reconvertido a diputado, define de este modo la paradójica situación del PP: «Tenemos una presidencia muy simbólica e indiscutible, pero estamos aquejados de una falta de liderazgo evidente». Y esto provoca, dice, un «placaje terrible entre los candidatos» a suceder al de Vilalba en enero. Una opinión que, no obstante, es matizada por otros compañeros. «É certo que os inicios da lexislatura foron frustrantes», explica otro destacado diputado, en parte por la larga lista de caras nuevas en el grupo, pero, sobre todo, porque personas que estaban llamadas a ejercer de timoneles, como Alberto Núñez Feijoo o el mismo Fraga, «non estaban habituados» a la dinámica de trabajo del grupo. «Pero agora -agrega- o funcionamiento é máis aceptable». Los desencajes del PP en su nouvelle vie son aprovechados sagazmente por los partidos que sustentan al Gobierno, que, a la postre, parecen haber importado de Madrid una de las recetas más exitosas del zapaterism o rampante: la de mostrar al PP como un grupo sin capacidad de concierto y, sobre todo, aislado. Basta con repasar el lapidario semanal para apreciar esta estrategia. Tanto el presidente de la Xunta, Pérez Touriño, como su portavoz en O Hórreo, Ismael Rego, coincidieron en acusar a Fraga de «bloquear» la reforma del Estatuto, al igual que hizo el nacionalista Pablo González Mariñas, al hablar de «posición obstativa». Y no son los únicos en ejercer el placaje. Cuando se debate un asunto con un mínimo de historia, la crítica se vuelve hacia los populares como un bumerán, y amplificada por tres. A estas alturas, cualquier iniciativa del PP puede ser contestada con dardos como el lanzado el viernes por la socialista Marisol Soneira al popular Diego Calvo: «Parece que o PP esperou a que gobernaran outros para solucionar os problemas». A veces, tener un pasado tan extenso puede ser muy molesto.