Un proyecto universitario intentará que las aguas termales del subsuelo de la capital italiana sirvan para dar calor a los hogares de la Ciudad Eterna
12 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La idea ya la habían tenido los romanos hace más de dos mil años, en los tiempos de su Imperio: Aprovechar las abundantes corrientes de agua del subsuelo de Roma para crear el sistema de termas. Hoy, esas aguas podrán servir para calentar las casas en invierno y refrescarlas en verano, según el proyecto recientemente presentado en el Ayuntamiento de la Ciudad Eterna. Además de ser una solución ecológica y limpia, supondría un notable ahorro energético para los bolsillos de los romanos, sobre todo en estos tiempos de crisis y aumentos del precio del petróleo. La idea de utilizar las aguas subterráneas partió del profesor Franco Barbieri, vulcanólogo de la Universidad Roma Tre. Ese proyecto se ha transformado en casi una realidad gracias al apoyo de otras instituciones como el Ayuntamiento y el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanografía. «Estamos estudiando el proyecto con la Acea (Agencia municipal del agua)» ha declarado entusiasmado el alcalde de la ciudad, Walter Veltroni, quien ha añadido que «además del evidente ahorro de metano, gasóleo y energía, la utilización de estas aguas ayudará a combatir la contaminación». Ahorro energético Para el alcalde, es «fundamental diversificar las fuentes de aprovisionamiento energético en un tiempo en el que el petróleo ha superado los 60 dólares por barril y se teme que pueda alcanzar los 100 dólares». La propuesta se basa en el aprovechamiento de las numerosas aguas termales que existen por toda la ciudad a unos cien metros de profundidad y que son un vestigio de la antigua actividad volcánica de la zona. «La captación de aguas calientes profundas no es difícil», ha explicado el profesor Barbieri, autor del proyecto, en el que lo más interesante no es el uso del agua en los circuitos de calefacción, sino su uso, por medio de una bomba de calor, en la refrigeración estival. Los fluidos geotérmicos, como los llaman los estudiosos, ya fueron aprovechados por los emperadores romanos que construyeron los magníficos conjuntos termales de Caracalla o de Diocleciano, en los que los patricios podían disfrutar de baños fríos y calientes y de saunas de vapor. Para hacer realidad la idea de calentar los pisos de los romanos, el profesor Barbieri quiere empezar por una pequeña zona: «Mi idea es la de dar vida rápidamente a un proyecto piloto del que formen parte un pequeño grupo de viviendas y así demostrar la conveniencia del uso de los fluidos geotérmicos». La zona piloto elegida para experimentar el proyecto sería en el barrio Marconi-Ostiense, donde varios edificios tendrán que ser derribados a causa de los graves problemas de estabilidad que presentan. Tras este primer experimento, el sistema podrá difundirse por otros barrios de Roma, lo que además del evidente ahorro en los recibos de la luz, ayudaría a reducir la cuota de emisiones de anhídrido carbónico. Hay que recordar que además de excelentes ingenieros, los romanos demostraron tener grandes conocimientos de geología, lo que les permitió aprovechar con inteligencia las abundantes aguas del subsuelo. Gran parte del sistema hídrico aún en uso proviene de aquella época. Más tarde, los papas colaboraron con la construcción de fuentes como la de piazza Navona, obra de Bernini, o la famosísima Fontana de Trevi, además de llevar el agua corriente a barrios como el Trastévere gracias al popular Fontanone del Gianícolo.