La transformación del fracasado Centro Cultural Americano en nueva sede de la Cinémathèque Française podría servir de ejemplo para el complejo del monte Gaiás
10 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Érase una vez una gran obra arquitectónica con presupuesto multimillonario. Érase una vez un gran edificio sin contenido... Esas dos premisas que bien podrían definir la esencia de la Cidade da Cultura pueden aplicarse a otros proyectos culturales faraónicos. Esa poco recomendable costumbre de llevar a la realidad el cuento de la lechera no es exclusiva de gallegos, ni de españoles. Hay ejemplos similares un distintos lugares del mundo. Uno de ellos lo tenemos en París, y su, finalmente, exitosa resolución final rebosa actualidad. Se trata de la ya popular Cinémathèque Française (Cinemateca Francesa) cuyas puertas se abrieron al público el pasado 28 de septiembre. Pero la historia de este gran edificio, obra del arquitecto estadounidense Frank. O. Gehry, no es tan corta ni sencilla. El currículo de esta construcción, llamada a convertirse en otro de los emblemas de París, comenzó a finales de 1993, cuando se?inauguró este complejo edificio nacido de la mente del autor del Guggenheim de Bilbao aunque no como cinemateca, sino como el Centro Cultural Americano en París. La hoy inexistente institución, cuyas obras se valoraron en su momento en 220 millones de francos (33,3 millones de euros), nació herida de todos los excesos habituales en modernas inversiones culturales: opción urbanística arriesgada, coste de mantenimiento imposible, altísimos impuestos... Pronto los mecenas privados, que eran quienes, junto con los propios gestores del centro, debían, en teoría, permitir la supervivencia de la institución, empezaron a echarse atrás ante una sucesión de gastos interminables. Así, en pocos meses, la ambiciosa programación cultural decayó y con ella los 30 millones de francos anuales necesarios para mantener abierto el centro. El gran edificio cerró en febrero de 1996. La emblemática mole de Gehry acabó con 52 años de actividad cultural estadounidense en París. Y el modernísimo y millonario edificio se quedó solo, abandonado y vacío de contenido.