Análisis | Las relaciones del bipartito Socialistas y nacionalistas defienden en público su derecho a disentir políticamente, pese a que los roces comienzan a resultar incómodos en la esfera privada
08 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Fue Anxo Quintana, incluso antes de convertirse en vicepresidente de la Xunta, quien anunció que Galicia vería pronto florecer «unha nova cultura democrática», alzada desde una sensibilidad política diferente. Y aunque la experiencia de dos meses de Gobierno bipartito propició ejemplos para ilustrar de qué va todo esto, el socialista Francisco Cerviño parafraseaba al líder del Bloque esta misma semana en un debate parlamentario para abundar en que si algo tiene la «nova cultura» es que en ella «caben as discrepancias». Las desavenencias entre el PSOE y el BNG se han convertido, en cierto modo, en un rasgo más de identidad del Ejecutivo autónomo, hasta el punto de que, si en las primeros días se apreciaba un esfuerzo común en taponar públicamente las disensiones, ahora incluso hay quien presume del roce como un elemento más de normalidad democrática. Práctica «san» «¿Discrepancias co BNG?, por suposto, porque somos dous grupos políticos diferentes». De este modo encajó la conselleira de Pesca, Carmen Gallego, la demoledora crítica con la que fue recibida en el Pazo do Hórreo el pasado viernes por el nacionalista Bieito Lobeira. «Penso que a política pesqueira que pode aplicar o señor Lobeira e a miña son moi distintas, e iso é san», insistió Gallego. Las ayudas a las mujeres maltratadas, por cuyo patrocinio rivalizaron los alaricanos Anxo Quintana y Laura Seara, el nombramiento de Marisol López al frente de Política Lingüística, el futuro de Ence, de Reganosa, de la Cidade da Cultura o incluso el reflejo que tendrá Galicia en los Presupuestos de Estado para el 2006 son ejemplos que contribuyen a amplificar la cacofonía que impera entre socialistas y nacionalistas en el seno del Ejecutivo gallego. En el entorno del Bloque hay voces que defienden el derecho a disentir públicamente con sus socios como un «acto de supervivencia», más que de normalidad democrática, para intentar romper la maléfica regla de que casi siempre sean los socialistas quienes saquen un mayor rédito electoral de la acción de un Gobierno bipartito. Esquizofrenia En el PSOE, en cambio, el roce continuo se hace más lastimero. Los socialistas se quejan de que el Bloque juegue a rentabilizar la acción del gobierno y, al mismo tiempo, a liderar la oposición. «Es una posición esquizofrénica que no sabemos durante cuánto tiempo podrán mantener», explicó un alto dirigente del PSOE, consciente de que, mientras tanto, sus conselleiros y parlamentarios están obligados a resistir «porque tenemos la mayor cuota de responsabilidad». En uno de los gobiernos más heterodoxos constitutidos en la España de las autonomías, el formado por los nacionalistas y democristianos del PNV junto a los federal-comunistas de Ezker Batua, se llegó a pactar el derecho de los últimos a disentir en público en algunos grandes proyectos, pero siempre que no se frene su puesta en marcha. En Galicia se aprecia también un acuerdo por la sana discrepancia, aunque está por ver si los propios partidos que forman el Ejecutivo bipartito se acostumbrarán a la nueva cultura sin sufrir el más mínimo desgaste.