Ante el otoño-invierno

GALICIA

TRÁFICO Y VIDA | O |

08 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS ACCIDENTES DE TRÁFICO se suceden de modo incesante en las carreteras del país y, con ellos, la gravedad de sus consecuencias. Y no olvidemos que cualquiera de nosotros puede ser parte en ellos y sus efectos, puesto que de un modo u otro todos somos usuarios. Otra cosa es entender el accidente como un hecho lejano que afecta únicamente a los demás, a costa de que tengamos memoria de víctimas próximas a nuestros entornos de vida. Tiene este discurso que ver con la circunstancia actual que vive el tráfico gallego, ahora, cuando la medida de los riesgos de la circulación rodada está en un rotundo crecimiento. Veamos. Al término del primer semestre del presente año 2005, se sumaban en Galicia 118 accidentes mortales con 130 personas muertas, en tanto que en igual período del pasado ejercicio 2004 se habían contado 144 accidentes mortales con 155 personas fallecidas; se concluye entonces de estos datos que en los seis primeros meses del 2005 se restaban 26 accidentes mortales y 25 personas muertas a la cuenta del semestre primero del 2004. Todo era bueno hasta aquí, y bastante esperanzador, pero ocurre que los tres meses últimos -julio, agosto y septiembre- han cambiado radicamente los signos de la seguridad vial en la comunidad autónoma, hasta llegar a unos registros de alarma, por los pésimos resultados de su balance: 74 accidentes mortales y 86 personas muertas, cifras que quiebran la buena perspectiva anterior. Es por eso que, a día primero de octubre, desde el primero de enero de este año, cuenta Galicia 196 accidentes mortales con 216 personas muertas. Gracias a las amplias diferencias logradas al cabo del primer semestre, se reducen ahora a 10 accidentes mortales menos y 3 personas muertas menos con relación al mismo período, de enero a octubre, del ejercicio 2004. Cabe concluir entonces que nuestro nivel seguridad o nuestra lejanía del accidente van a depender, más que del azar, de nuestras propias cautelas, es decir, del constante y valioso ejercicio de la prudencia. La disciplina vial tiene una vez más la palabra.