Toda Argentina debate sobre lo que debe hacer Marcos, o Nati, un chico de 15 años con cuerpo de hombre y cerebro de mujer. Sus padres piden que se autorice el cambio de sexo
06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La historia de Marcos, o Nati, conmueve a la sociedad argentina, que lleva varios días polemizando sobre el problema de este adolescente transexual que nació con cuerpo de hombre y cerebro de mujer. El joven tiene ahora 15 años y sus padres han pedido a la Justicia que autorice un tratamiento que frene la evolución de su masculinidad y permita que se someta a una intervención quirúrgica para cambiar su sexo físico. El caso de Marcos, nacido en el pueblo de Traslasierra, en la provincia argentina de Córdoba, ha sido motivo de estudio por prestigiosos especialistas que aseguran que este fenómeno se da en uno de cada setenta mil nacimientos. Los propios médicos advierten que la transexualidad de Marcos es algo diferente a la homosexualidad o el travestismo. Mientras que un gay es quien se interesa por las personas de su mismo sexo, y un travesti, alguien al que da placer vestir ropa del sexo opuesto, un transexual nace con un sexo físico que no coincide con el cerebral. El sexólogo León Gindín, que trató desde un principio el caso de Marcos, o Nati, asegura que la terapia hormonal que los padres solicitan que la Justicia autorice para su hijo «es reversible, ya que sólo frena el desarrollo masculino. La medicación con antiandrógenos y hormonas femeninas para un desarrollo de mamas es más que recomendable en este caso». Este profesional fue quien dio el primer diagnóstico a los padres del niño, que acudieron a él por el comportamiento feminoide de su hijo. Entonces les confirmó que «cromosómicamente es varón, pero tiene un cerebro femenino». Ya cuando Marcos tenía 3 años, a sus padres empezaron a extrañarles algunos de sus comportamientos. «Hacía cosas que no hacían sus hermanos, como ocultar sus genitales. Y prefería jugar con su hermana menor, en lugar de su hermano mayor», dice su madre. Según Gindín, «hace años que la ciencia descubrió que hay cerebros femeninos y masculinos», y niega que la influencia de los padres pueda ocasionar este tipo de trastornos. «No hay tanta fuerza ni capacidad. El impulso biológico es superior». Hoy Nati ya es capaz de contar su experiencia vital: «Lo interno lo tengo completo, me falta completar lo físico. Hago cosas de mujer y pienso como una mujer. Ahora mis papás me entienden, son un apoyo incondicional. El problema es la gente de fuera, que me dice cosas feas. La verdad es que es muy difícil superar todo esto. Tengo una fobia y no es fácil vivir con una fobia. Es como tener una mancha grande en la cara. Es algo muy difícil y feo de llevar». Para complicar más su situación, tiene que vivir en un pequeño pueblo en el que es conocido por todos: «Hay muchos obstáculos, más aún en un pueblo chico. Cuando decidí ser Nati, inmediatamente cambié de escuela e ingresé en tercer año como Nati». En cuanto a la opción de operarse, el joven asegura que está decidido. «No voy a volverme atrás. Sé que soy una mujer. Yo estaba reprimida por temor a la gente». Alicia y Javier, los padres de Marcos, o Nati, han comenzado la batalla para que la Justicia autorice a su hijo a adoptar su sexo psicológico. «Vivo afligido por su padecimiento -cuenta Javier- y trato de hacer lo que esté a mi alcance para aliviarlo». «Más importante que la sexualidad es el tema humano», dicen sus padres, quienes aseguran que su aspecto masculino causa al joven terribles problemas sociales. Pero hasta que la Justicia no le dé permiso, Nati seguirá con su particular tortura. Piensa y actúa como mujer porque es mujer, pero debe soportar un traje de hombre que no quiere pero que tampoco puede abandonar.