Los ataques a 40 buses elevan la tensión en la huelga de Arriva

Beatriz García Couce
B. Couce FERROL

GALICIA

César Toimil

La empresa denunció también la agresión a un conductor ferrolano La compañía supera ya su decimotercera jornada de paro, sin diálogo entre las partes en conflicto

06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«Me desperté del susto y menos mal que no se cayó el cristal porque si no me hubiera impactado directamente sobre la cara». Este es el testimonio de Víctor Pernas, un joven ferrolano que formaba parte del grupo de pasajeros de un autobús de la empresa Arriva que realizaba la línea A Coruña-Ferrol cuando, a la altura de Miño, fue objeto de un ataque que tuvo como consecuencia la rotura de una luna. Se desconoce si fue con una piedra o con una pistola de aire comprimido. Pero éste no fue ayer un incidente aislado, ya que la empresa, que acumula ya su decimotercera jornada de huelga convocada por todos los sindicatos con presencia en su comité para exigir la readmisión de dos conductores despedidos, denunció destrozos en unos 40 autobuses. Arriva aseguró que, como consecuencia de los ataques, tres autocares con pasajeros que circulaban por Miño, Vilalba y Friol registraron la rotura de sus lunas, y otros seis en circulación pero sin pasajeros corrieron igual suerte. Además, seis vehículos estacionados en Monfero, preparados para realizar el transporte escolar, también registraron la rotura de sus lunas, mientras que en Betanzos una docena de buses amanecieron con las ruedas pinchadas. La empresa sostiene que otra docena más fueron objeto de sabotajes en las estaciones de autobuses de Burela, A Coruña y Ribadeo, además de en diferentes paradas. Elevar la tensión Los sabotajes contribuyeron a elevar la tensión entre los responsables de la compañía, con sede en Ferrol, y los representantes sindicales, que después de 13 jornadas de paro aún no se han sentado ni una sola vez a negociar. Los primeros criticaron ayer que los sindicatos reclamen «el diálogo con la empresa para imponer sus demandas al mismo tiempo que se suceden los ataques contra los profesionales, usuarios y recursos de Arriva». Mientras, los delegados sociales rechazaron «este tipo de prácticas», pero aseguraron que la empresa las utiliza como excusa para no sentarse a negociar, puesto que aunque durante los últimos días no se registró incidente alguno tampoco se produjo un acercamiento para el diálogo. Además, la compañía denunció que el pasado día 29 de septiembre un delegado de la CIG agredió a un conductor de la estación de autobuses de Ferrol cuando se preparaba para atender una de las líneas incluidas en los servicios mínimos designados por la Xunta. Arriva sostiene que el sindicalista le pegó en la cara al trabajador, que fue atendido por los servicios de urgencias. Esta situación ha motivado la apertura de un expediente al presunto agresor. Fuentes sindicales admitieron que se produjo una discusión con el conductor ferrolano, pero negaron la agresión y pidieron a la empresa que presente la denuncia y los partes de urgencias. Además de a los paros de carácter indefinido, Arriva se enfrenta a la huelga de hambre que secundan desde el pasado miércoles los dos conductores despedidos, en las estaciones de autobuses de Ferrol y A Coruña. Pérdidas En términos económicos, la empresa afirma que las pérdidas por el paro superan ya el medio millón de euros, tanto en el descenso en la recaudación como en el arreglo de los vehículos dañados. La Xunta tampoco ha intervenido por el momento para mediar en un conflicto que puede afectar diariamente a unos 15.000 usuarios. La empresa, que opera en las provincias de A Coruña y Lugo, cuenta con una plantilla integrada por 270 trabajadores.