Las primeras escapadas

La Voz

GALICIA

03 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Nada acaba como empieza. Ni siquiera el verano, que trajo en junio quince horas de luz al día y se despide sólo con doce. Al bipartito se le contrae el tiempo como la claridad a los días. Para otoño, cuando el sol sale y se va veloz como las lágrimas de San Lorenzo, habrá terminado el plazo de cortesía. Un tiempo de adaptación merecido, porque adentrarse en despachos dominados por un único partido y ocupados en buena parte por las mismas personas durante quince años consecutivos debe ser algo así como meterse en un laberinto, con minotauro incluido. O con un par de ellos. Como nada acaba como empieza, cuando transcurran unas cuantas semanas las impresiones pueden ser otras, pero a la vuelta del verano yo voy a contar las que tengo ahora. El presidente Touriño -aún se me hace extraño escribirlo porque, como le habrá pasado a varios cientos de miles de gallegos, Fraga ya era sinónimo de presidente de la Xunta cuando comencé mi vida laboral- despliega desde San Caetano un espíritu de concordia después de años de división en bandos. Os nosos e os outros. Muchas personas anónimas que votaron al PP admiten que ha sido bueno sacudir la mesa y poner otro mantel. Cambiar oxigena siempre, aunque luego no se remedien todos los problemas y crezca otra vez la desilusión. Son ciclos. Claro que no pensarían lo mismo si hubiera sido menos inteligente la actitud de Touriño desde que tomó posesión, en un acto, por cierto, distante y artificial como las casas que los ricos enseñan en el Hola. El vicepresidente -esto también se me hace extraño escribirlo, porque los otros que hubo eran los vicepresidentes de Fraga, pero Quintana va ejercer de Quintana a secas- es, por el momento, ruido sin nueces. Pero los suyos en el Gobierno le llevan ventaja a los de Touriño. Los conselleiros del Bloque Suárez Canal y Ánxela Bugallo acapararon el protagonismo del Ejecutivo en su primer mes. En las semanas de agosto ya se ha extendido la sensación de que la sustituta de Pérez Varela en Cultura es, de todas las conselleiras, la que mejor se desenvuelve ante las cámaras, que resulta como decir ante los votantes. Al hablar levanta la cabeza, mira al frente, sonríe y practica la política. En cambio, la mayoría de las conselleiras del PSOE aún no se sabe qué entonación tienen porque casi no se les ha oído hablar. Un ejemplo elocuente es el de la titular de Política Territorial, María José Caride, ya que se sienta en el despacho donde antes estuvieron Feijoo y Cuiña, que repicaban más que las campanas cuanto tocan a difunto. Suárez Canal, conselleiro de Medio Rural, no cuida la estética ni la sonrisa como Bugallo. Él fue protagonista a la fuerza en este verano de humo y fuego. Pero salió airoso, porque el matemático ourensano dispone de virtudes que escasean: convicciones y tenacidad. La presencia social de unos y el silencio ausente de otros puede ser una coincidencia o, quizá, el síntoma de los dos modelos de conselleiros que conviven en el bipartito. Uno que para disgusto de militantes del PSOE potenció perfiles de gestores y profesores universitarios ajenos a la política. Y otro construido con unos criterios partidistas y, por tanto, que pretende rentabilidad electoral. El BNG dio sus puntadas con doble pespunte. Así, otro de los cuatro conselleiros que le pertenecen, Fernando Blanco, se proyectará desde la Xunta para amenazar la mayoría absoluta de Orozco en Lugo. El secretario general de Deportes, el nacionalista Santiago Domínguez, copará el protagonismo de la organización de la salida de la regata de la Volvo desde Vigo un año antes de presentarse a la alcaldía de la ciudad, cuyo grupo municipal ya lidera. Quintana ha optado por un modelo de compañeros de viaje y Touriño por otro. Ha quedado claro a la luz del sol de agosto, aunque el bipartito sólo ha sido hasta ahora como un coche con el motor al ralentí.