Una californiana madre de un soldado muerto en Irak se instala a las puertas del lugar de veraneo del presidente de EE.UU. como abanderada del movimiento contra la guerra
08 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«¿Cuál es esa noble causa?». Esta es la pregunta que ha llevado a Cindy Sheehan hasta las afueras del rancho de Crawford, Texas, en el que George W. Bush pasará todo el mes de agosto. Y no se moverá de allí hasta que encuentre una respuesta. Sheehan forma parte del medio centenar de padres y madres de soldados muertos en Irak -ya suman 1.830 desde marzo del 2003-, que a través de la asociación Gold Star Families for Peace se movilizan siempre que pueden para exigir la vuelta a casa de las tropas estadounidenses desplegadas en el país árabe. Ahora han viajado hasta Crawford, donde esta madre californiana de 48 años promete aguantar las altas temperaturas tejanas hasta que pueda hablar con Bush. «El otro día (el pasado miércoles) el presidente dijo que el sacrificio de los soldados fue por una noble causa. Yo quiero preguntarle, ¿por qué mató a mi hijo? ¿Cuál es esa noble causa por la que murió?», señaló Sheehan a los medios, después de relatar cómo se enteró de la muerte de su hijo de 24 años en Bagdad el 4 de abril del 2004. Sheehan también recordó que fue una de las 15 madres de soldados fallecidos que se reunieron por separado el pasado junio con Bush en la Casa Blanca, un encuentro del que no salió contenta. «No miró la fotografía de Casey (su hijo). Ni siquiera sabía su nombre. Cada vez que tratamos de hablar de él y de lo mucho que le echamos de menos cambiaba de tema -puntualizó indignada-. Ahora quiero que honre a mi hijo retirando las tropas, no quiero que use el nombre de Casey para justificar ninguna muerte más». La asociación que fundó señala en su página web que la guerra en Irak es injusta y está basada en «horribles mentiras». Y lanza otra pregunta: si la lucha es tan noble, ¿por qué el presidente no manda entonces a sus gemelas, Jenna y Barbara, al frente de batalla? Para algunos, la campaña que este grupo de padres -apoyados por otras asociaciones como Veteranos por la Paz- está llevando a cabo recuerda a otras épocas no tan lejanas como los últimos años de la sangrienta guerra de Vietnam. «Lo que estamos viendo se parece a lo que ya vivimos entonces. Y todo porque nadie ve la luz al final del túnel», dijo la senadora demócrata Barbara Boxer, basándose en las últimas encuestas que muestran cómo el respaldo popular a las operaciones militares en Irak cae en picado. Según un sondeo de la revista Newsweek publicado el domingo, el 61 por ciento de los estadounidenses desaprueba la forma en que Bush está conduciendo este asunto, mientras que el 64 por ciento no cree que la invasión del país árabe haya hecho más seguro a Estados Unidos. Desde la Casa Blanca se defienden y señalan que «muchos» de los familiares que se han reunido a lo largo de estos meses con Bush comprenden esa «noble causa» y que la mejor manera de rendir tributo a sus seres queridos es «completar la misión» en Irak. Pero el caso es que Sheehan -instalada en una pequeña tienda de campaña a las puertas del enorme rancho de Bush- ha atraído la atención de los medios a nivel nacional. Con su manera clara y directa de expresarse, The New York Times ya la ha bautizado como «la nueva cara del movimiento antibélico». Lo que no está claro todavía es si conseguirá su propósito, ya que Bush suele salir del rancho en helicóptero. No obstante, está previsto que el próximo viernes lo abandone por carretera y pase por delante de Sheehan. Todos están pendientes de ese momento. Un día antes volverá a estar bajo los focos, cuando el presidente reciba en Crawford al secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, y a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, para discutir precisamente la marcha de la guerra en Irak.