Cambados lleva tres días sin dormir. Y todo indica que las siestas se aplazarán hasta mañana.
06 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.No hay tiempo. Cual Feria de abril o San Fermín sin toros -se llena de pandillas sedientas con la correspondiente camiseta con lema y una copa atada al cuello-, el día se consume en paseos por las casetas de las bodegas de la Calzada, y la noche al son de la música ante el pazo de Fefiñáns. Eso sí siempre provistos de combustible blanco. Las estrellas del reggaeton sometieron el viernes a cientos de personas a una dura sesión de aeróbic. Y hubo ganas de más, algunos fans se abalanzaron con devoción para cazar los discos que el portorriqueño Toby Toon les catapultó; otras acabaron gastando pista en el escenario. Los autores de estribillos como Pa delante, pa detrás, pa que te duela solicitaron voluntarias gritando: ¿A cuántas de aquí les gusta el látigo?. Y en la primera fila del foso se desencadenó una trifulca con arañazos incluidos. Normal, una de las voluntarias era un talento del movimiento de caderas reggaeton. A punto estuvieron los integrantes masculinos de alguna peña de crear una nueva categoría de reina de las fiestas. La salida de Lorna, famosa por su éxito Papi chulo ven a mí fue el delirio y el comienzo de una larga edición de bises con los que el público al que aún le quedaba aliento se rindió. Algunos bailaron con tanto ímpetu que se olvidaron de que estaban agarrados a copas de cristal, lo que estuvo a punto de aguar la noche a muchos y lo consiguió con una mujer que terminó con un corte en la cara. Un susto del que nadie se acordaba al día siguiente, en el concierto de Bertín Osborne. El cantante bodeguero aterrizó ayer al mediodía en Fefiñáns. «Buscaba el fresco, pero tenéis más calor que en el sur», confesaba poco después de una sesión de vinos en el restaurante Ribadomar. No quiso pescado, pero se rindió al caldo: «Sólo bebo rioja y albariño», dijo poco antes de retirarse al pazo de un amigo. A la misma hora de la siesta del que hoy se convertirá en nuevo caballero del albariño, comenzaba una comida en la casa en la que murió Ramón Cabanillas. El mismo lugar en el nació la fiesta del Albariño hace más de medio siglo. «Mi abuelo organizó una degustación de vino y desde entonces seguimos con la tradición», explica Antonio Botana, Tonino.