El canciller alemán reta a su contrincante, Angela Merkel, a dos duelos televisados durante la campaña electoral alemana, que culminará el 18 de septiembre
01 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Para ser un canciller al que las encuestas dan por muerto, Gerhard Schröder parece haber resucitado. No sin cierta sorna, este fin de semana el mandatario germano recordaba que, durante los últimos comicios generales en Alemania, los sondeos anunciaban igualmente un relevo de poder. No obstante, el duelo entre el bávaro Edmund Stoiber y el ya por aquel entonces maltrecho canciller se saldaba finalmente -por los pelos, eso sí- a favor del más popular de los dos, Gerhard Schröder. Tres años más tarde todo indica que no habrá unas inundaciones como las del 2002 o una guerra como la de Irak que vengan a salvarle el pellejo. Pero Schröder tampoco parece dispuesto a entregar el poder sin presentar batalla. «Tenemos que doblegar las encuestas y eso sólo lo conseguiremos luchando», comentaba en un debate televisado este fin de semana. La pequeña pantalla es su elemento. El «canciller mediático» ha retado a su contrincante y líder de la Unión Democristiana (CDU), Angela Merkel, a mantener con él dos duelos televisados. Pero la aspirante del bloque conservador sólo ha accedido a participar en uno, argumentando que la campaña es demasiado corta para invertir tanto tiempo en intervenciones televisadas. «¿No será que tiene miedo?», se preguntaba ayer el diario más leído de Alemania, el populista Bild. Nadie pone en duda que, sobre el plató, el canciller se comerá a la que, según las encuestas, se convertirá en primera «cancillera» de Alemania. Esta física germano-oriental de 51 años, que fuera delfín de Helmut Kohl, no destaca por su habilidad retórica, pero sí por su tenacidad, como ha puesto en evidencia durante los últimos años en que ha logrado quitarse del medio a todos los varones del partido que le hacían sombra. Triunfe o no ante las cámaras, los sondeos no dejan lugar a dudas: los alemanes quieren el cambio, y para ello un 42% está dispuesto a votar a los democristianos o su ala bávara (CSU), que con el 7% de los votos de los liberales (FDP) se harían en estos momentos con el 49% de los sufragios. El pasado fin de semana comenzó oficialmente la carrera electoral, que promete ser dura por su brevedad y que culminará el 18 de septiembre, si el Tribunal Constitucional lo tiene a bien. La corte de Karlsruhe podría vetar el procedimiento que puso en marcha el 22 de mayo el canciller cuando perdió las regionales de Renania del Norte-Westfalia, al anunciar su intención de precipitar los comicios generales. Para ello escenificó una moción de confianza frente al parlamento alemán, que perdió a propósito y que permitió al presidente federal, Horst Köhler, disolver hace diez días las cámaras. Defraudada por el procedimiento, que raya la ilegalidad, una diputada socialdemócrata interponía la semana pasada una demanda ante el Tribunal Constitucional, a la que se sumó el diputado verde Werner Schulz. El verdadero peligro para los dos partidos mayoritarios alemanes viene de la izquierda. El Partido de Izquierdas, que lidera Oskar Lafontaine, podría convertirse en la primera fuerza en el Este de Alemania (con un 33% de los sufragios) y la tercera más votada en el Oeste. El Partido de Izquierdas, que aglutina a socialdemócratas desencantados con la Agenda 2010 y los poscomunistas que tienen el respaldo en Alemania Oriental, ha desplazado el mapa políticoa la izquierda. Esto ha obligado a los candidatos a moderar sus discursos, aunque el elevado desempleo y el lamentable estado de las arcas alemanas exijan soluciones drásticas.