Vivir un mes sin agua corriente

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

GALICIA

RAMÓN LEIRO

El pozo de Abraham Martínez, un vecino de Marín, se secó por las obras de la variante. Ayer denunció que no se lo reponen y que lleva treinta días sin servicio

28 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La casa número trece del lugar de Currás, en Marín, es un edificio de construcción moderna, propia del siglo XXI. Pero la obra de una zanja de la carretera de circunvalación, que discurre a escasos metros del inmueble, han hecho que sus propietarios retrocedieran unos doscientos años en lo que a servicios se refiere. Su dueño, Abraham Martínez, explicó que salió de su casa un viernes y había agua. Cuando regresó el lunes, hace más de treinta días, el pozo estaba seco. Aunque intentó solucionar el problema con una medida prosivional, no hubo forma. «Los de la empresa colocaron unos barrenos debajo de mi finca, supongo que para sujetar el talud, y me secaron el pozo al agujerearlo», manifestó Martínez. La situación no tiene solución sin un nuevo pozo, que la empresa, por ahora, no ha comunicado cuando va a excavar. Sus reclamaciones se acumulan ante la constructora y ante la Xunta. En su opinión, sin ningún resultado. Mientras, el vecino afectado ha tenido que recurrir a métodos artesanales para poder abastecerse de agua. A la aldea de Currás no llega la traída, por lo que todos sus residentes se surten de pozos propios. Este vecino tiene ahora que coger una carretilla, llenarla de baldes y llevarla unos 150 metros por la aldea hasta llegar a la fuente pública más cercana. Otras veces, opta por cargar agua en su coche. Pero el método tiene sus limitaciones. La hora de la ducha exige, como en el antiguo Oeste, calentar el agua en los fogones y echarse cubos por encima. La ropa la lava en casa de sus padres. O si no llueve, no tiene una gota para regar la huerta ni sus árboles. Pero el suministro de agua no es el único problema. Las paredes están llenas de grietas. Las obras han afectado a esta vivienda y, al menos, a otras cinco de la misma aldea. La Xunta admitió en su momento que se había producido una alteración del nivel freático en el entorno del vial a su paso por Currás. La consecuencia más grave de este problema fue el desalojo de una vivienda hace dos semanas. Abraham Martínez teme que su casa sea la siguiente. «Cada día descubres nuevas grietas y de noche sientes crujir la casa», concluyó, algo afectado.