Tres patrullas del Tercio Norte de la Infantería de Marina recorren la sierra de Barbanza para impedir que el fuego devore los árboles que la han convertido en emblemática
21 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?e noche o de día, con niebla o bajo un calor endiablado, tres patrullas del Tercio Norte de la Infantería de Marina vigilan cada día, veinticuatro horas sobre veinticuatro, cada palmo de superficie forestal de la sierra barbanzana. Puede decirse que no se mueve ni una zarza en 600 kilómetros cuadrados sin que este destacamento lo sepa. Desde su llegada, el bosque duerme tranquilo. Las llamas, si se atreven a asomar, tienen los segundos contados. Este grupo militar desembarcó en Boiro hace un par de semanas y, desde entonces, no ha hecho otra cosa que recorrer el monte para detectar cualquier foco de incendio, hasta el momento, los infantes de marina han alertado sobre una veintena. Cada uno de los tres vehículos todoterreno con los que cuentan recorre cada jornada 200 kilómetros, de norte a sur y de este a oeste. La sierra barbanzana les resulta ya tan familiar como un barco, tan próxima como si hubiesen nacido en ella. De día suben y bajan laderas sobre cuatro ruedas, por la noche planean en la foresta con sus prismáticos de visión nocturna. No sólo detectan llamas, también a personas cuya presencia en áreas arboladas puede resultar sospechosa. Además de impedir que las llamas conviertan la sierra en un desierto, el destacamento lleva a cabo una labor social: disuadir a quienes muestran actitudes negligentes que pueden resultar perjudiciales para el medio ambiente. Son una fuerza de choque, miran e investigan. No han venido a apagar incendios, aunque algún día les tocó coger la manguera, sino a impedir que se produzcan y, a tenor de los resultados, parecen haberlo conseguido. Con excesiva modestia, el teniente y jefe del grupo, Amador de Mena, y el brigada, Francisco Barcala, reconocen, después de ser preguntados con insistencia: «Creemos que hemos contribuido a evitar que zonas arboladas catalogadas de máximo riesgo no hayan sufrido incendios por el momento». El bosque no huele a chamusquina, seguro que lo han conseguido.