EL PP naufraga a cámara lenta, como el petrolero que le abrió a Fraga una vía de agua.
25 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El Prestige deambuló una semana ante Galicia hasta que se lo tragó el mar; el poder del PP pende desde hace siete días del hilo de una araña. Hasta que se desenreden los sobres de los emigrantes. Touriño equiparaba en privado las elecciones gallegas a las presidenciales entre Bush y Kerry. El primero, como Fraga aquí, asentado en el interior y en zonas rurales de EE.UU. El segundo, como la suma del PSOE y BNG, mejor situado en las franjas costeras. Falló Touriño, porque el paralelismo no es con las últimas elecciones norteamericanas, sino con las anteriores. Cuando medio mundo y la mitad del otro tuvo que esperar a que los jueces resolvieran de quién eran los votos del Estado de Florida y, con ellos, para quién sería el despacho de la Casa Blanca. Como de las encuestas ya no se fían ni quienes las pagan, el PP y el PSOE enviaron a Sudamérica agentes secretos a tutiplé en los últimos meses para recaudar votos. Sólo el intervencionismo de los aparatos de ambos partidos explica que la participación de los emigrantes se haya doblado respecto a cualquier otra convocatoria. Ni han descubierto su derecho a voto de repente, ni les ha contagiado un frenesí por elegir ahora al presidente de la Xunta. Han sido empujados por los tentáculos que el PP (Xunta) y el PSOE (Moncloa) extendieron al otro lado del Atlántico. Porque en esta ocasión los dos partidos se han esmerado en completar sacas de correos, es sensato deducir que el PP no pueda sacarle al PSOE en Pontevedra diez mil sufragios de diferencia sobre un total de treinta y tantos mil válidos. Le ganará por muchos más al Bloque, pero no es con Quintana con quien se disputan el escaño 38, sino con Pepe Blanco. La espera amortigua el impacto que tendrá para el PP perder el control de un Presupuesto anual de 9.000 millones de euros. Casi un millón por cada voto que necesita de diferencia con el PSOE. Porque lo que está en juego no es pisar moqueta sino el control de billón y medio de pesetas al año del Pesupuesto de la Xunta, los dos partidos van a pelear, si pueden, hasta saciarnos. Si el veredicto final es el que parece, el presidente y los suyos sentirán la angustia del vacío. El poder atrae como la fuerza de la gravedad. Sin él, te desorientas y te dispersas. Fraga dijo que liderará a su partido en la oposición. Está pidiendo tiempo, porque sabe que el ser o ser de una fractura en el centro derecha gallego se dirimirá en las vísperas de su sucesión. Pero su ritmo no es el de Rajoy. No tiene que haber otras autonómicas hasta dentro de cuatro años, pero a Rajoy le quedan muchos menos meses para las generales, que son su última bala. Las necesidades de ambos difieren. Una de dos: se avecina tormenta o huracán.