«Soy más libre que los pájaros»

Nacho Mirás Fole

GALICIA

ÁLVARO BALLESTEROS

Desde que jubiló las puñetas se siente «menos comprimido». Aunque dice que su agenda no era la de «Don Manuel», cree que estaba sujeto a una vida de estrés

12 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En el plano corto y en ropa de calle, Ramón García-Malvar y Mariño (Noia, 1932), ex fiscal jefe de Galicia, da menos miedo que con la toga. Pero un tipo de su carácter impone incluso en bañador. -Dice que, desde que colgó el hábito, ha ganado libertad ¿De movimientos, de pensamiento, de expresión? -¡No, no, un momento! (gesticula con la mano y frunce el ceño). Cuando uno está metido en la profesión de lleno y con responsabilidades, tiene que ser cauteloso, hay que guardar una serie de prevenciones. -¿Las formas? -No, prevenciones de lo que expresa y, máxime, teniendo responsabilidades de dirección. Ahora, uno recupera su libertad, que no es que la tuviera perdida, sino, en cierto modo, congelada. Ahora sí que soy más libre que los pájaros, o tan libre como ellos. -Doce años de fiscal jefe, ¿no lamenta no haber metido a alguien más en la cárcel? -Esa pregunta me parece un poco jocosa. Han quedado muchos asuntos y seguirán llegando, porque ya sabemos cómo es la naturaleza del ser humano. Uno no piensa en meter o no meter en la cárcel; uno coge el Código Penal y se ajusta a lo que dice la Ley. El Código no lo hemos redactado ni usted ni yo. Concretamente, el del 95 lo redactó el señor Belloch. -¿Y el dedo acusador no tiene remordimientos? -No, yo nunca los he tenido. Las responsabilidades son de la Ley, no nuestras. Y la Ley la ha elaborado el conjunto de todos los individuos que componen la sociedad. -¿Y cuando el dedo se vuelve contra uno? Estuvo usted inhabilitado un tiempo... -Me repusieron y eso está pendiente de juicio, preferiría no hablar de eso hasta que la resolución aparezca, ¿comprende? Es un asunto de los que más he estudiado y creo que no tenían ninguna razón. -Hay jueces y fiscales que son más duros a la hora de interpretar los escritos. Y usted tenía fama de ser de acero inoxidable... -¡Un momento, un momento! (vuelve a mover el dedo y a levantar las cejas). Usted tiene que coger la Ley y actuar según lo que diga la Ley. Hay gente más proclive a buscar atenuantes, incluso causas de exención de responsabilidad, dentro de esa escala de valores puede usted jugar. Pero yo siempre he procurado estudiar bastante los asuntos y ver lo que daban de sí. -Pero por su manera de expresarse, por cómo habla, por cómo mueve el dedo y las cejas, usted impone más... ¡Yo lo he visto en acción! -(Se ríe). Hombre, había que dar vehemencia a los juicios y, en fin, son los medios verbales de expresión. -¿No será teatro? -¡Qué va a ser teatro! (dedo y cejas) es lo que uno siente. ¿Usted cree que el señor Rajoy hace teatro en el debate del Estado de la Nación? -El lenguaje judicial ¿no estará hecho, y perdone la expresión, para acojonar? -Bueno, pero toda la liturgia de los juicios no la he montado yo. Esa liturgia tiene sus consecuencias, la Ley busca su impacto. ¿Usted nunca ha visto cómo se celebra un juicio en un juzgado de paz? «Manoliño, teste que portar mellor, veña, xa está». El ceremonial impone por esas circunstancias, porque la Justicia existe y tiene que penetrar en el ciudadano. -Y usted lo borda... -Muchos años de experiencia, ahora estoy en otra etapa. -¿Y a qué se dedica un fiscal jubilado? -Escribo algunas cosas sobre la historia de mi pueblo. Y estoy con la Clásica Gredos, que empecé cuando era un fiscal joven y ahora tengo que seguir completándola. Y me gusta mucho ir al campo. -¿Sacha? -No, eso no. Me dedico algo a lo forestal, a plantaciones que tuve abandonadas y poner al día el patrimonio familiar. -¿Cómo le gustaría ser recordado? -Que me enjuicien con justicia.