El voto emocional

LOIS BLANCO

GALICIA

LAS MANIFESTACIONES son a las elecciones como las alergias a la primavera. Vienen juntas; un pack inseparable.

04 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En Vigo ya van cinco protestas en una semana. Al alcalde de Ponteareas se le manifestaron un mismo día y a la misma hora tres colectivos distintos mientras inauguraba una rotonda. En una semana, han protagonizado actos de protesta en Galicia funcionarios de la Xunta, colectivos vecinales, trabajadores del naval -la rama industrial más sindicada-, estudiantes, taxistas y diversas modalidades de plataformas. Forma parte del juego, como las promesas imposibles de los candidatos. En vísperas de una campaña o en ella, nada es espontáneo y menos las manifestaciones. Porque los problemas que denuncian no suelen ser actuales, sino estructurales. En una estimación optimista, esta semana se han manifestado en Galicia sesenta mil personas. Muchas, pero muy pocas en el marasmo de los dos millones seiscientos mil gallegos con derecho a voto el 19-J. La confrontación es una de las vías que utiliza la izquierda para sustituir a la derecha en el poder, aquí o en cualquier lado. Pero a la que también acude la derecha cuando le vienen mal dadas en la oposición, aunque para ello se ampare, por ejemplo, en las víctimas del terrorismo. La crispación social que aparentan las sucesivas manifestaciones de esta semana que acaba es una visión distorsionada de la sociedad como la de las treinta mil raciones de empanadas del PP en el Monte do Gozo. En Galicia no van a decidir el futuro Gobierno ni los votantes cabreados, ni los agradecidos, ni los ideologizados. Dependerá del voto emocional. De la reacción individual de miles de gallegos ante la raquítica oferta que se les presenta en los carteles: un candidato de 82 años, el mismo Touriño del 2001 con estética renovada y el ex alcalde de Allariz.