FERNANDO Alonso y David Cal son dos fenómenos. Uno nació en Oviedo hace veintitrés años. El otro celebrará en octubre, en O Hío (Cangas), su veintitrés cumpleaños. Los dos asomaron al mundo en el 2003: Alonso ganó su primera carrera, en Hungría; David consiguió el subcampeonato del mundo de piragüismo en mil metros, en Gainsville (EE.UU).
07 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Al mejor conductor de bólidos y al mejor piragüista de la historia de España los unen unas dotes superiores a los demás mortales y los separa el dinero. Alonso empezó esta temporada con unos ingresos de doce millones de euros. Como le vaya bien, recibirá el triple al finalizarla. Suficiente para construir el tramo de la Transcantábrica entre Barreiros y Reinante (Lugo). A David Cal no le faltará ni pan ni agua hasta alcanzar las Olimpiadas de Pekín, pero tuvo que dar bastantes paladas al aire para obtener una buena beca que le garantice estabilidad en los dos próximos años. Mientras el pecho de Alonso es como el de un general de la batalla de Stalingrado, sin un centímetro vacío para colgar otra marca publicitaria, David Cal patrocina por vino las Rías Baixas. Pero el albariño ni es ni paga como las multinacionales del tabaco, la alimentación o los videojuegos. Tan parecidos en su singularidad deportiva y tan distintos. Como dos recién nacidos, pero uno en una familia acomodada de la UE y otro en una cabaña de Etiopía. La publicidad hace multimillonarios en un año a los más brillantes -si son guapos, mejor- en el fútbol, la NBA, el golf, el automovilismo o el tenis, mientras los campeones olímpicos reciben migajas. Vida perra. Esta sociedad global en la que se construyen más centros comerciales que colegios ha dividido a los deportistas de élite en dos grupos: los que movilizan a millones de personas cuando salen por televisión y los que trabajan en solitario cuatro años para, en un día, ganar o perder unas olimpiadas. La diferencia radica en que la tabaquera Mild Seven se comunica con el mundo a través del casco, el mono y el coche de Alonso, al que hoy perseguiremos desde un sofá millones de fumadores de todas las razas. Como entre ricos y pobres, las diferencias económicas entre un tipo y otro de deportistas seguirán agigantándose. Por ahora, en España, las marcas sólo invierten 133 euros por habitante en publicidad al año; la mitad que en Francia o la cuarta parte que en el Reino Unido. Pero todo llegará, porque convergemos a más velocidad como consumidores de las multinacionales que como productores. Aunque de este asunto tampoco se hablará en las elecciones.