EN LOS próximos 56 días nacerán tres mil doscientos gallegos y morirán cuatro mil quinientos. El 80% de los jóvenes que desean ingresar en la universidad aprobarán la selectividad. Un número indeterminado de todos los géneros y edades se enamorarán, otros serán absorbidos por las distintas formas de la tristeza. La vida avanzará indiferente a la convocatoria electoral del 19-J. Si en vez de un país, esto fuera una corporación empresarial, Fraga se merecía el galardón de empleado del mes. Los políticos llevan ya tanto tiempo hablando de sí mismos, de vacuidades y de elecciones, que es liberador ahorrarse los otros cuatro meses que separan junio de octubre. Las encuestas del CIS le preguntan a la gente corriente en qué servicios públicos aceptaría una reducción del gasto. De otro modo, qué es lo que necesita más atención de los gobiernos: la sanidad (sólo el 1,7% admitiría una disminución de las inversiones), la educación (2,3), las pensiones (2,7) y la seguridad ciudadana (4,4). Al señalar el colectivo que urge mayor protección de las administraciones, la unanimidad es total: las personas mayores que viven solas. Un fenómeno silencioso, desgarrador e imparable. Un final que, antes o después, nos amenaza a todos. Pero la Legislatura 2001/05 se ha desvanecido y la foto fija que deja es la de una Xunta y una oposición átonas y en la berza. Con todos ellos absortos en el chapapote del Prestige, la crisis del PP, el hormigón del Plan Galicia o enganchados al culebrón Traiciones, con Beiras en el papel de ultrajado. Así las cosas, no se recomienda hacer apuestas sobre si los gaiteiros volverán o no a tocarle a Fraga su muiñeira preferida en el Obradoiro. Salvo que algún candidato cambie de chip y emocione, van a ser las elecciones de los restos. Donde unos pocos votos en cualquiera de las provincias o en la emigración le entregarán el Gobierno a uno o a los otros. Con gaiteirada o sin ella, al día siguiente la vida avanzará indiferente. Nacerán 56 gallegos y morirán 81, según las medias estadísticas.