El Papa ha muerto

GALICIA

D. Zennaro

Karol Wojtyla, cuyo pontificado fue el más largo del siglo XX, estaba consciente poco antes de fallecer La vida del Pontífice se apagó serenamente a las 21.37 de ayer, 2 de abril.

02 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

«El Papa Juan Pablo II murió ayer a las 21.37 de la noche en sus habitaciones privadas del Vaticano. Apenas media hora después, setenta mil personas escucharon en la plaza de San Pedro, sobrecogida por una emoción intensa y contagiosa, las palabras del cardenal Leonardo Sandri, que comunicó: «Queridísimos hermanos y hermanas, el Santo Padre ha vuelto a la casa del Padre». A continuación, Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, entonó el de profundis.Un aplauso sordo y prolongado sirvió como homenaje espontáneo a Karol Wojtila, cuya salud empezó el jueves a empeorar de forma progresiva e irreversible.La confirmación del deceso cerró una jornada de especulaciones que a última hora de la tarde pasaban por aceptar que el final del pontífice era inminente. El portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro, suspendió de hecho la comparecencia pública que tenía prevista para las cinco y media de la tarde y distribuyó a las siete un escueto pero revelador comunicado en el que se afirmaba: «Las condiciones del Santo Padre siguen siendo gravísimas». Dos horas y media después, confirmaba al mundo la muerte del pontífice, anunciada en primer lugar por una agencia de noticias, la italina Ansa. «El Santo Padre ha muerto esta tarde a las 21.37 horas en su apartamento privado. Se ha activado todo el procedimiento previsto por la Constitución apostólica promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996». En la intimidad de su habitación, el camarlengo, Eduardo Martínez Somalo, cumplió con el rito de golpear tres veces la frente del pontífice con un martillo de plata y de pronunciar otras tantas el nombre de pila del fallecido. Otro medio de comunicación se había atrevido, mucho antes, a dar por supuesta la muerte del Papa. La Stampa, el periódico de Turín propiedad de la familia Agnelli, fue el más audaz; llegaba a los quioscos con una imagen Juan Pablo II, apoyado en la cruz y coronado por un titular en el que simplemente constaba su nombre y las fechas que enmarcan su pontificado. Emoción El corazón de Roma y del mundo católico latía ayer en la plaza de San Pedro, con miles de personas acongojadas por la emoción que se hizo todavía más intensa cuando las campanas de la basílica empezaron a tocar a muerto. Antes de que se comunicara publicamente el fallecimiento, hubo un gesto que indicó que algo sucedía en el apartamento privado del Papa: la luz de una tercera ventana se sumó a la de las dos que habían permanecido encendidas durante toda la jornada. Católicos y turistas entendieron que estaban a punto de recibir la noticia de la muerte del Papa. En ese momento, unas setenta mil personas abarrotaban San Pedro, que progresivamente se fue llenando de gente a medida que las noticias sobre la salud del Papa eran más categóricas. Antes de que se confirmara el fallecimiento, toda la jornada estuvo plagada de declaraciones en las que se insistía en la idea de despedida. Aún así, tuvo tiempo de ver a algunos colaboradores próximos, como el cardenal Silvestri que lo visitaba ayer mismo y declaraba: «Lo he encontrado distendido, plácido y sereno». A pesar de la gravedad de su estado, habría hecho un gesto de reconocimiento del purpurado. Tras las exequias de Juan Pablo II, se iniciará el cónclave del que saldrá la persona encargada de regir los destinos de la Iglesia católico. La muerte del Papa ha traído el luto a Italia. La liga de fútbol ha sido suspendida; la programación televisiva se ha visto alterada y la vida nocturna de las ciudades se limitará, en los próximos días, a los actos que tengan que ver con la despedi