El mejor amigo del prerromano

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos El estudio de las piezas halladas en las excavaciones del año pasado en el castro de Neixón, en Boiro, permitió identificarlas como nueve huesos de la zona lumbar de un perro

30 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Decir que el perro es el mejor amigo del hombre no es novedad, aunque sí lo es que en Galicia esta convicción se remonta, al menos, a la época prerromana. Así se extrae del informe sobre los nueve huesos de un can localizados en un foso defensivo del castro de Neixón, en Boiro. Concretamente, fue hallado en un conchero sellado por un nivel de ceniza y un basurero cerámico del siglo III antes de Cristo, por lo que los arqueólogos barajan una fecha anterior para esos restos animales. A juicio del profesor de Prehistoria de la Universidad de León, Carlos Fernández Rodríguez, se trata del primer enterramiento o depósito intencionado de un perro en esa época en la geografía gallega. Afirmó que el hallazgo de esas partes del perro, que se expondrán junto a otros hallazgos desde mañana en el Centro Arqueolóxico do Barbanza, eran inéditos hasta ahora en el noroeste peninsular en un contexto prerromano. El autor del informe resaltó que, aunque su presencia era indudable como ponían de manifiesto evidencias indirectas, tales como huellas del animal, como su documentación en áreas geográficas próximas, este hallazgo osteológico en la intervención arqueológica en el castro boirense fue su confirmación. Hasta la fecha sólo se documentaron procesos de enterramiento de perros en los castros de Vigo y de O Achadizo en Cabo de Cruz (Boiro), datados en la época romana. Fernández Rodríguez, especialista en animales de la Edad de Hierro y del periodo galaicorromano en el noroeste peninsular, detalló en su informe sobre estos restos faunísticos que se corresponden con la parte final de la zona lumbar, las últimas cinco vértebras y el sacro, y la cintura pelviana de un ejemplar. Señaló que al parecer, sólo llegan hasta nosotros los ejemplares depositados completos en esos espacios, lo que representa un porcentaje reducido del número real de cánidos existentes. La confirmación de que este animal era usado con fines domésticos y no alimenticios radica en que los elementos del esqueleto encontrados en las excavaciones realizadas en los campos de trabajo del año pasado en dicho poblado aparecen en conexión anatómica. Además, y a diferencia de los huesos de reses bovinas, porcinas y ovino-caprinas descubiertas en este castro, no presentaban marcas de cuchillos, de despiece, descarne o despelleje. Además, con el objeto de evitar malos olores, el perro frecuentemente era enterrado en basureros lejos del poblado, en zonas de conchas de crustáceos, que son menos destructivas, aseguró Xurxo Ayán, arqueólogo del castro de Neixón. De ese modo, los restos llegaron más enteros a nuestros días. Ayán subrayó que las dimensiones de estas partes del esqueleto sugieren, a tenor de las obtenidas en otros restos de cánidos del noroeste en época romana, que se trata de un perro mesoformo. Carlos Fernández cree que lo normal es que en futuras excavaciones en el lugar donde aparecieron esos huesos se encuentre el resto del esqueleto del animal.