Mide mucho sus palabras. Tiene aire mexicano y, en la distancia corta, pierde la timidez que algunos le achacan. Valora, sobre todas las cosas, la libertad. Entrevistas anteriores:
27 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El bigote luce más si la boca que está debajo sonríe, y es el caso. Manuel Ameijeiras Vales (A Coruña, 1949) hubiera hecho carrera en el cine mexicano con ese toque de Jorge Negrete. Pero en México paró lo justo y en su hoja de ruta se cruzó un día la Delegación del Gobierno. Cuando toca relajar las tensiones del cargo, un tute puede ser una buena terapia. -Dejemos a un lado la política. ¿Qué se le dice a los que no entienden que la delegación no esté en Santiago? -¿Y dice que no vamos a hablar de política? Desde el principio de los tiempos está en A Coruña, lo mismo que la sede de las instituciones y la capitalidad están en Santiago. No forma parte de mis competencias, yo soy un usuario, no determino la ubicación. -Cuando veníamos para acá hubo quien nos dio saludos «para don Arsenio». ¿Todavía hay quien no sabe que Fernández de Mesa ya no manda? -¡Ja,ja! Ha dejado mucha impronta, mucha estela. -Si ni siquiera se parecen...? -Él se peina un poco mejor.? -Se dice de usted que es tímido, incluso sosete... -Sí, eso me ha llegado. Es la sensación que percibe la gente. Y eso extraña a quienes me conocen porque, realmente, me parece que no soy nada tímido. -¿Será que mide mucho las palabras? -Sí las mido. -Queda claro. ¡Ni en sueños se veía sentado aquí a principios del 2004! Como ingeniero aeronáutico se movía en otras alturas y el cambio le pilló en Lavacolla... -Bingo. No formaba parte de mi hoja de ruta en absoluto.? -Usted que tiene horas de vuelo: ¿es más fácil pilotar aviones o la Delegación? -Un avión, bastante más. -Pero el riesgo a pegársela por ahí le anda...-No crea, es pequeño. Una vez que se sabe de qué se trata, es un riesgo moderado. -¿Cómo se relaja cuando aterriza del cargo? -Paseo, hago deporte, leo o juego al tute o al dominó. -¿Hace trampas? -Nunca. -¿Y jugando a las cartas? -Nunca. -De su paso por México ¿qué le ha quedado además del aspecto? -En México pasaba inadvertido, dicen que tengo cara de mexicano. Es un país maravilloso, el más musical del mundo. Ahora va solventando sus problemas de seguridad. Hay muchos contrastes, la comida es diversa y variada... Y las mujeres se arreglan hasta para bajar la basura. -Y, según el tópico sexista, los hombres ¡son muy?maaaachossss! -Eso dicen. Me gusta mucho el boxeo y en eso son buenísimos. -A algún antecesor suyo también le gustaba el boxeo urbano, me da la nariz... -Je, je, je. -¿Cómo lleva la familia este cambio en su vida? -No es fácil pasar de ser una persona libre a tener unos condicionantes que no son pequeños. La libertad de movimientos y la libertad de todo tipo son muy importantes, la vida se basa en eso. -En el catálogo de políticos con bigote se está quedando solo. Touriño se lo quitó, también el alcalde de Santiago. ¿Rebeldía peluda? -Touriño tenía un bigote magnífico. En mi familia, la cara nos va con el bigote. Yo lo tengo desde los 18 años. -¿Se ve conselleiro si el que tenía un bigote magnífico llega a San Caetano? -Nunca he tenido el aterrizaje en la vida política como algo inherente a mi propia evolución. Ni siquiera se me ocurre prever o hacer planteamientos en ese sentido. -¿Veraneará su jefe en Galicia? -A estas alturas no tengo esa información, pero sé que le encantaría.