«Fraga no es un león tan fiero»

Nacho Mirás Fole

GALICIA

XOÁN A. SOLER

Es la sala de máquinas de un portaaviones nuclear; ha tenido que adaptarse y renunciar a la vida privada, pero está orgulloso de ser la sombra de su patrón

13 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

En las fotos siempre sale un paso por detrás de Fraga, pero lo bastante cerca como para leerle el pensamiento y anticiparse a sus órdenes. Es la cara b del de Vilalba, su sala de máquinas. Es José María Veloso Castaño (Vigo, 1958) y es de este mundo. -¡Veloso, dónde está Veloso! ¿Cuántas veces al día escucha eso? -Si estamos en el despacho, tres o cuatro. Si estamos fuera, alguna más. Procuro no alejarme mucho por si acaso, por la cuenta que me trae. -¿Cómo sobrevive a Fraga? -Es cuestión de adaptarse y de dormir un mínimo de horas diarias. Siempre me gustó madrugar y lo llevo bien. ¡Incluso algún día me da tiempo a tomar una copa! -¿Le molesta que digan que es el hombre sombra? -En absoluto. Primero, porque es verdad y, segundo, porque es un honor ser la sombra de un señor como Fraga. -¿Se le han pegado las sábanas alguna vez? -Una vez sí que me levanté tarde, hace años... -¡Menudo paquete! -No. Tuve la suficiente imaginación como para llamarle directamente y decirle que me había quedado dormido. Es humano y me entendió. -¿Recuerda haberse dicho a sí mismo alguna vez 'Chema, la has cagao'? -No, pero seguramente alguna haya. -¿Tiene úlcera o acidez? -No, de salud bien. Tuve un susto cardíaco hace seis o siete años, pero lo llevo bien. Procuro hacer algo de deporte los fines de semana. -Cuénteme un día tipo... -Me levanto a las 5.50. Salgo de casa a las 6.50. Paro en el quiosco que hay frente al antiguo Hospital Xeral de Santiago a coger los cuatro periódicos gordos, los leemos en casa de 7.10 a 7.30. A las 7.30 vienen los coches y nos vamos a San Caetano. Llegamos sobre las 7.40 y hasta las 9.00 despachamos los dos, mano a mano. Y lo que vaya dando el día. -¿Y uno sobrenatural? -El viaje de hace dos semanas: salida lunes noche, duerme en el avión, martes en Uruguay, vuelta al día siguiente... -¡Por lo menos viaja! -Sí, la vuelta al mundo la tengo dada. Pero, viajando con este señor, no te da tiempo a conocer nada. Sé que la Ópera de Sídney era una cosa que estaba a la izquierda. -¿Cómo se relaja? -Leo algo que me distraiga o con música suavecita: Beethoven, Bach, Tchaikovsky. Y soy de la generación de Sabina, Silvio, Pablo Milanés. Hace año y pico descubrí a La Oreja de Van Gogh, u otro tipo de cosas para poner en el coche, como Milladoiro. -¿Escucha La Oreja de Van Gogh en el coche de Fraga? -No, en su coche siempre los informativos de Radio Nacional a las horas en punto. -¿Escribirá sus memorias cuando cumpla ochenta? -Seguramente, pero cuando tenga esa edad. -¿Lo peor de su trabajo? -La falta de vida privada. -¿Él le pide consejo? -No. Gran parte de su vida la ha hecho solo. Él va por libre. A veces le recomiendas que se ponga un traje liso para ir a la tele y, aunque al final te hace caso, siempre tiene algo que decir. Y no le gusta nada el maquillaje. -¿Le riñe el patrón? -Desde fuera todo el mundo piensa eso. Pero es una persona encantadora, no es tan fiero el león como lo pintan, incluso es entrañable. -El alcalde de Negreira dice que «Don Manuel tiene un estado en la cabesa» ¿lo ha visto usted? ¿es grande? -¡Ja, ja, ja! El alcalde de Negreira le dio una vuelta a una frase de Felipe González que decía que Fraga tenía «el Estado» en la cabeza. Lo que es cierto es que es una persona muy inteligente.