¿Cómo vamos a llamarnos?

LOIS BLANCO

GALICIA

MILES DE disputas conyugales por el nombre de los hijos se zanjan poniéndole dos en uno.

26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Al presidente puede llamársele José o Luis, y al que había antes José, María o Josemari. Los dos iban de cuando en vez a la Zarzuela a parrafear con Juan o con Carlos. Porque lo extraño no son los nombres propios compuestos, sino encontrar al rey de un reino con varios nombres en la misma lengua. Salvo Galicia, cuya Real Academia publicó meses atrás una nueva normativa que decreta que este lugar también es Galiza, «forma lexitimamente galega, amplamente documentada na época medieval e que foi recuperada no galego contemporáneo». Se ha aplicado el método de la taza de caldo: toma dos si no quieres una. Las tribulaciones de un país sobre su nombre florecen en Galicia y en las antiguas colonias africanas. El Congo Belga mudó a Zaire y ahora es Congo a secas. La Academia, no todos los académicos, utiliza una calculada ambigüedad. La denominación oficial es Galicia y la potestad para decidirlo pertenece a la Xunta, pero la otra también es una forma legítimamente gallega. En términos médicos, es como un desdoblamiento de la personalidad. La gente normal le pone nombres a las cosas para distinguirlas, pero aquí le ponemos dos nombres al país para distinguirnos entre nosotros. Este extraño fenómeno bipolar que ya apasiona a la psicología argentina figura en el diccionario universal a tiempo real de internet. Google localiza en diecinueve centésimas de segundo 5.040.000 entradas con el nombre Galicia; 1.450.000 de Galiza. La proporción se parece a la de los diputados del Bloque en el Parlamento autonómico. Fraga y Touriño quieren gobernar Galicia; Beiras y Quintana, Galiza. No es grave, pero sí raro. En las anteriores citas electorales se sabía de antemano que ganaba Fraga, y para la Real Academia todavía sólo existía un nombre como llamarnos. De los comicios de final de año sí puede surgir, en cambio, un presidente socialista de Galicia y un vicepresidente nacionalista de ¿Galiza? Esta doble personalidad territorial se contagiaría también a los del PP, partido que fuera de la Xunta presenta altas probabilidades de sufrir un desdoblamiento o varios en cadena. Con el fin de evitar situaciones esquizofrénicas, podría convocarse de inmediato un referéndum para decidir de dónde somos. Para saber a dónde vamos. Quintana tampoco querría comparecer a valorar el resultado del plebiscito lingüístico. Le habría ido tan mal como en el referéndum europeo.