La explosión de una caldera revienta el tejado de dos edificios en Vigo

E. V. Pita VIGO

GALICIA

M. MORALEJO

«Salvamos la vida de casualidad. Es para brindar con champán», dice Celso Morais Martínez, un ex directivo de la comunidad de vecinos de los números 32 y 34 de la calle Coruña, en Vigo. Celso Morais había cesado de la junta esta misma semana pero un vecino le avisó porque, a las diez y cuarto de la noche, oía un fuerte ruido en el trastero, donde estaba instalada la caldera que calienta el agua con la combustión de gasóil. Otro residente se había quejado de que la presión del agua del grifo estaba muy alta. Cinco horas antes, unos mecánicos habían instalado provisionalmente bajo la caldera una nueva bomba eléctrica para subir el gasóleo desde un depósito ubicado en el sótano del edificio. Era el primer arreglo en 24 años. Fragmentos de metal Morais fue hasta la puerta del trastero pero no llegó a entrar. En ese momento, una deflagración destrozó el tejado de uralita de las dependencias donde se guarda la caldera y lanzó los fragmentos de la máquina a cien metros de distancia, por encima del patio de luces. Los muelles de la resistencia atravesaron limpiamente la galería del sexto piso y se precipitaron sobre un corral de gallinas. Los cascotes de ladrillos de una pared, amasijos de metal y tejas se esparcieron por el patio y quebraron un árbol. «El estruendo sonó como un atentado», recuerda la Rolindes Fernández, la nueva presidenta de la comunidad. Estaba con unas amigas en la acera cuando les llovió encima una nube de polvo y cascotes. Una vecina subió las escaleras llena de pánico. Su madre inválida reside en el séptimo piso, justo debajo del cuarto de la caldera. Y al trastero colindante acude todas las moches un jubilado que sube a reparar relojes antiguos. Los bomberos estuvieron a punto de derribar la puerta de un sexto piso porque no contestaba la dueña. «Por suerte, estaban todos fuera. La noticia es que no hubo víctimas», dice la presidenta de la comunidad. Muchos tienen en mente el reciente accidente mortal de Getafe. Varias de las 26 familias de los dos edificios vigueses prefirieron dormir en viviendas de amigos y allegados «por miedo». Los daños afectan del séptimo al tercer piso y la comunidad estudia iniciar acciones legales. Los bomberos sospechan que el gasóleo pulverizado se acumuló en la caldera, se evaporó y el gas se inflamó, quizás por un exceso de la temperatura del agua.