QUIZÁ ZAPATERO le vio las orejas al lobo después de escuchar durante casi cuatro horas los pétreo-plúmbeos argumentos del tozudo Ibarretxe. Tal vez por eso el viernes se entendió tan bien con Mariano Rajoy. El lendakari convenció al presidente del Gobierno de algo elemental: de que su plan ni se frena ni se desmonta sólo con talante y razón democrática. Porque el líder de los vascos-vascos-vascos presume de tener aún más talante y más razón democrática que cualquier otro, además de una voluntad negociadora a prueba de tortas, llegado el caso. ¿O puede tener más de todo esto alguien que no sea un vasco oprimido desde 1839? Que ni lo sueñen los del PSOE o del PP. Veinticuatro horas después de la visita de Ibarretxe a la Moncloa, Zapatero aceptó la propuesta de Rajoy de crear una comisión PSOE-PP para llegar a acuerdos sobre las reformas de la Constitución y de los estatutos de autonomía. Y muchos españoles, también del País Vasco, respiraron más tranquilos. Porque ya existen pocas dudas de que el lendakari quiere llevar su plan hasta el final, que no está en la independencia sino en un cenagal de discordias y confrontaciones capaces de poner de los nervios a la sociedad civil. Y ya se sabe: siempre es mejor prevenir que lamentar.