La sangre azul de Andersen

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GALICIA

El mundo a los cuatro vientos Varios biógrafos sostienen que el célebre escritor de cuentos, de quien se cumple este año su bicentenario, era en realidad hijo ilegítimo del rey Christian VIII de Dinamarca

12 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Hans Christian Andersen nació a los dos meses de que contrajesen matrimonio sus padres, un zapatero escaso de trabajo y una lavandera alcohólica. Según las biografías oficiales, el futuro escritor vivió una infancia dura y marcada por la pobreza, hasta que alcanzó el reconocimiento, ya adulto, gracias a sus célebres historias. El propio Andersen se refirió a su progresión como «el cuento de hadas de mi vida», análogo a títulos como El patito feo . Algunos biógrafos creen, sin embargo, que Andersen escondía algo más en sus parábolas de ascensión de la pobreza a la riqueza: en realidad, el escritor era hijo ilegítimo del príncipe Christian de Dinamarca, que luego se coronaría rey en 1839. El príncipe habría mantenido relaciones con la condesa Elise Ahlefeldt-Laurvig, en cuyos dominios trabajaba el zapatero que dio el apellido a Andersen. La pareja se habría encargado del cuidado del niño, aunque miembros de la nobleza lo vigilarían desde las sombras. Estas teorías, claro, no pueden demostrarse. La casa real danesa no tiene la costumbre de admitir o desmentir parentescos y parece poco viable contar con una prueba de ADN. La sangre azul de Andersen, por tanto, es el resultado de conjeturas, algunos cotilleos y un examen minucioso de su vida, así como una suerte de análisis freudiano de sus cuentos. Matrimonio clandestino Andersen nació en 1805. El año anterior, el príncipe Christian y Elise iniciaron su romance. Aquí intervienen los cotilleos: el rey prohibió la relación aunque no consiguió evitar un matrimonio clandestino y el bebé que de él nació. Lo que sí es un hecho es que en 1807 Elise tuvo una hija, Alphonsine, que más tarde sostuvo que Christian era su padre. De vuelta a Hans Christian, a varios biógrafos les ha llamado la atención que el niño, pese a crecer en un entorno tan miserable, fue tratado a cuerpo de rey. En un tiempo en el que la explotación infantil era cotidiana y los castigos corporales lo más frecuente, el pequeño Andersen siempre asistió a la escuela y nunca se le puso una mano encima, a pesar de ser un pésimo estudiante. Nadie daba un duro por aquel joven desgarbado cuyas ambiciones de ser actor o escritor no fueron tomadas en serio. Fondos reales ¿Quién sostenía a Hans Christian, si su familia apenas tenía recursos? Algunos nobles y una provisión de fondos de la realeza se ocuparon de ello. Ya en su adolescencia, Andersen comenzó a frecuentar amistades de mayor nivel. El príncipe Frits, quien después accedería al trono, conservó su relación hasta la muerte. De hecho, Andersen fue la única persona que no pertenecía a la familia que pudo velar su cadáver. Para cuando Christian fue coronado, Andersen era un escritor de cierto prestigio y ya había sido incluido en el círculo más íntimo del rey. En 1844 fue invitado a una excursión marítima y entre los invitados se encontraba Franziska Enger, conocida como Fanny; su padre era el propio monarca y fue entregada a una criada después de nacer. Son muchos los biógrafos que no se han resistido a leer cuentos como El patito feo a la luz de esta teoría del bastardo real: el animal al que todos desprecian resulta proceder de una especie tan elegante como el cisne. En 1848, Andersen se sintió profundamente afectado por la muerte del rey; según algunos, también se estaba despidiendo de su padre. El último año de su vida, 1875, firmó un autógrafo: «Rey Christian IX». ¿Fantasía, broma o pura realidad?