El mundo a los cuatro vientos Dos empresas españolas asumen los problemas de la recogida de basura de una ciudad que genera 5.000 toneladas diarias de desperdicios y en la que escasean los contenedores
27 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Dos empresas españolas se han embarcado en el reto de recoger las basuras de la ciudad más grande de África, El Cairo, que pasa también por ser una de las más sucias, y la tarea está dándoles auténticos quebraderos de cabeza. Esta ciudad de quizás unos quince millones de habitantes -nadie conoce la cifra exacta- genera en torno a cinco mil toneladas diarias de desperdicios, y hasta el año pasado su retirada era cosa de una casta cristiana de basureros ( zabalines ) ayudados por burros y carricoches. Las empresas españolas Urbaser -del grupo Dragados/ACS- y FCC respondieron a la licitación internacional para organizar en los próximos 25 años la recogida y el tratamiento de residuos en la capital egipcia. «Sabíamos que El Cairo era una ciudad sucia -explica Lisardo González, director de Urbaser-, pero lo que no podíamos imaginar es que lo fuera tanto, porque es una urbe que no descansa ninguna de las 24 horas del día». Además, el hecho de que tengan que cambiarse todos los horarios de recogida y limpieza durante el mes de Ramadán, así como el problema social generado por la oposición de los zabalines -que vivían precisamente de reciclar basura- han añadido problemas inesperados. Recelos por una nueva tasa La llegada de las empresas extranjeras fue vista con recelo por los cairotas, debido a que las autoridades municipales decidieron cargar una hasta entonces desconocida «tasa de basuras» en la factura de la luz, proporcional al consumo de electricidad. En un país donde la electricidad está altamente subvencionada, los ciudadanos recibieron muy mal tener que pagar más por la basura que por la luz, y pronto comenzaron a aparecer ataques en la prensa. «La opinión pública egipcia se fija demasiado en la propia recogida, y le cuesta ver que la tecnología extranjera está en el tratamiento de los residuos y la mejora medioambiental», comenta Enrique Feás, consejero comercial de la embajada española. La «tasa de basura» en la factura de la luz fue llevada a los tribunales, que por dos veces la han declarado ilegal, con lo que los municipios se han visto privados de la financiación prevista para pagar a las empresas extranjeras. Los ciudadanos se quejan también de la escasez de contenedores y papeleras en la ciudad donde depositar los desperdicios, pero esto se debe a dos causas bien distintas: por un lado, los robos de contenedores, muy frecuentes en los barrios populares -donde los llenan de hielo y los usan como neveras- y que han desembocado en un rifirrafe sobre quién debe pagar su sustitución. Pero lo que más llama la atención es la ausencia de contenedores y papeleras en algunas de las avenidas más importantes o en la famosa Corniche (la ribera del Nilo), que se debe a la negativa del gobernador (alcalde) de El Cairo, que los considera «antiestéticos» y peligrosos por la posibilidad de que alguien pueda introducir en ellos alguna bomba. Los 300 camiones que ambas empresas enviaron desde España para la recogida de residuos se eternizaron durante meses en las aduanas egipcias, donde pretendían imponerles un arancel de un 30%, pese a que están acogidas a una exención arancelaria en virtud de la ley de inversiones. El entuerto obligó a intervenir al primer ministro, Ahmed Nazif, quien dio la razón a las empresas españolas. Y es que si la tarea de recoger la basura de El Cairo puede parecer titánica, no lo es menos lidiar con la burocracia egipcia, famosa desde los tiempos de los faraones, en el que ya eran conocidos los numerosos problemas causados por las basuras acumuladas a la vera de las pirámides.