La mujer más buscada de México

GALICIA

Guapa, atractiva, inteligente y enemiga público número uno. Así le va a Sandra Ávila, más conocida como la Reina del Pacífico, la «madrina» del narcotráfico

22 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Sandra Ávila Beltrán es una despampanante mujer mexicana con una biografía criminal que deja en prospecto farmacéutico a la de la mismísima Teresa Mendoza, la protagonista de La reina del Sur, que dio vida Arturo Pérez Reverte. Esta es de carne y hueso (en perfectas proporciones). En México todo el mundo la conoce como la Reina del Pacífico porque sus barcos cargados de coca navegan ese océano como Perico por su casa. Sándra Ávila vive como un mohicano y ayer mismo se convirtió en la persona más buscada por la policía mexicana (nunca en ese país una mujer había sido la enemigo público número uno). Le quieren echar el guante porque la acusan de ser la autora intelectual y madrina de la confederación de narcotraficantes, una rica e incipiente organización que reúne a los principales narcos de México y Colombia que hasta la fecha lograron esquivar el trueiro policial. Una agitada vida amorosa A lo largo de sus 42 años, Sandra sólo persiguió el dinero, el poder y el amor de caraduras. Ha sido esposa de dos jefes policiales corruptos y amante de capos prominentes de las drogas como Ismael El Mayo Zambada, número dos del cártel de Ciudad Juárez; Ignacio Nacho Coronel y el colombiano Juan Diego Espinosa El Tigre. Además, es sobrina del capo encarcelado Miguel Angel Félix Gallardo. Sobre la seductora Sandra pesan órdenes de captura en México por tráfico de drogas, crimen organizado y operaciones con recursos de procedencia ilícita y también es buscada por la agencia antidrogas estadounidense, la DEA. Pero no hay forma humana de dar con sus huesos. Gracias a su audacia e innegable capacidad para eludir a la justicia, la reina del Pacífico jamás ha pisado una cárcel. La mujer domina la zona marítima desde Colombia hasta Estados Unidos, y tiene su cuartel general en Guadalajara, la segunda ciudad de México, a unos 550 kilómetros al oeste de la capital. La DEA calcula que Ávila Beltrán es el «motor financiero» de una federación de jefes del narcotráfico. Ella solita ha tenido la virtud de unir con sus encantos a enemigos acérrimos que se disputaban palmo a palmo las mejores rutas del tráfico de drogas en México. En esas fechorías lleva dos vueltas de ventaja al resto. Secuestro Pero tuvo un error de niña de párvulos. Esta electrizante mujer que destaca, por varias leguas de distancia, del resto de malhechoras, metió la pata hasta el fondo cuando hace dos años secuestraron a su hijo, de 15 años. Ocurrió cuando la policía todavía no se había enterado de quién era esta mujer. Y a la incauta no se le ocurrió mejor cosa que denunciar el caso ante las autoridades. El rescate de su hijo se cifró en cinco millones de euros y eso infiltró en la policía el veneno de la sospecha, pues nadie en su sano juicio podría llegar a creerse que a una mujer sin otro patrimonio declarado y conocido que la ropa que llevaba encima le reclamasen una suma más propia de la de un reputado empresario. Además, al denunciar el secuestro, la vampiresa de la coca no había tomado en cuenta que la intervención del grupo antisecuestros implicaba también el pinchazo de sus teléfonos en espera de que marcaran los secuestradores. Y claro, sus teléfonos parecían los de Al Capone, pues sólo recibía llamadas de narcotraficantes como Ismael El Mayo Zambada, Ignacio Nacho Coronel Villarreal y Juan Diego Espinosa Ramírez, El Tigre. Cuando se notó acorralada, la Reina del Pacífico se esfumó y desde su madriguera se ocupó de pagar el rescate y recuperar a su pequeño. Sandra nunca dudó, según los investigadores, de que tras el secuestro estaba alguno de sus socios. Pero a ella pareció importarle poco. Continuó con sus negocios como si nada hubiese pasado. Ahora camina con tacón alto por la pasarela de la delincuencia. Por el momento sólo le han podido incautar algunas de sus propiedades. Cuando la policía mexicana se enteró de su patrimonio (más de 200 fincas, casas y varios salones de belleza) se quedó de pasta de boniato. Desde entonces, la buscan. Y si hacemos caso al dicho que corre ahora por México, no la quieren viva ni muerta, sino en cueros. Y es que la Reina del Pacífico es, para muchísimos mexicanos, su auténtica sex-simbol.