Una joven de 28 años de Chantada acaba imputada por simulación de delito, al admitir que presentó una denuncia falsa por asalto y secuestro cuando regresaba a su casa, con la que pretendía justificar ante sus padres su retraso
15 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Tan inverosímil resultaba la película, con armas, furgonetas cruzadas en la carretera y asaltantes tan majetes que ni siquiera le quitaron el bolso a la víctima, que en el cuartel de la Guardia Civil de Tamallancos no se creyeron la historia. Que en una carretera nacional, cual es la de Ourense a Lugo, a menos de un kilómetro de una gasolinera y a hora tan relativamente normal como las diez y media de la noche, se hubiese producido un suceso como el que había pintado la denunciante, no encajaba. Era imposible, concluyeron los responsables de la investigación, que nadie se hubiese percatado. Entonces llamaron a capítulo a la supuesta víctima, una joven de 28 años que vive entre Ourense, donde trabaja, y Chantada, donde residen sus padres. Ni se le había cruzado en la carretera una furgoneta de color blanco de la que se apeó un hombre mayor, armado con una pistola, ni detrás de su Ibiza circulaba otro vehículo, un Fiat Tipo, del que saltaron dos forajidos más, con revólver y navajas por delante. Ni uno de ellos tenía un diente de oro, que, lástima de avenida, no alcanzaba para iluminar la N-540. Ni le tocaron al bolso, ni le arrancaron la esclava que llevaba en una muñeca. Unos santos, en fin. Todo mentira. Se había despistado tomando algo con unas amigas y retrasó tres, cuatro horas, el momento de la llegada. Para evitar la bronca, inventó la historia. La madre dijo que había que denunciar. Y acudieron al cuartel de Chantada, donde ofreció detalles y más detalles a medida. Y a cada explicación se iba enredando. La madre la creyó. La Guardia Civil, no. Se lo hicieron ver y confesó. Lo puso fácil. Ahora le espera, previsiblemente, una multa. Y el sonrojo.