La seguridad del presidente argentino falló dos veces en cinco días. Muchos hablan de posibles atentados contra el jefe de Estado y otros aseguran que sólo quieren asustarlo
28 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La frase circula desde hace días entre los argentinos: «El presidente no gana para sustos». Y suena como respuesta a otra frase, la que el propio Néstor Kirchner dijera con énfasis durante un discurso el pasado viernes: «Vine a cambiar el país y no hay interés que me quieran imponer, ni susto que me puedan dar». La alusión del jefe del gobierno argentino obedecía a los rumores de un posible atentado al avión presidencial Tango 01, ocurrido el martes de la semana pasada cuando un desperfecto en la turbina izquierda obligó a Kirchner y a su comitiva a un aterrizaje de emergencia. Era la tercera vez que el Presidente sufría un percance durante un vuelo con aeronaves estatales. Esta vez hubo sacudidas, fuego en la turbina y algunos gritos en miembros de la delegación. Según un informe de la empresa Rolls Royce, fabricante de las turbinas, una de ellas, la izquierda, «no estaba operable» y además la derecha tampoco estaba en condiciones de volar. Enfado El enojo de Kirchner fue en aumento. «¡Será mejor que yo mismo me encargue de mi seguridad!», aseguraron algunos colaboradores que gritó ante la presencia del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. Por esto, el propio Kirchner decidió ayer mismo solicitar una auditoria externa a la Junta Nacional de Seguridad de los Estados Unidos sobre el Tango 01 para determinar las causas del accidente. Kirchner, que es desconfiado por naturaleza, sabe que está abierta la posibilidad de que el fallo técnico haya sido producto de acciones intencionales. No repuesto del accidente aéreo, el presidente argentino sufrió otro golpe, más grave aún, en su sistema de seguridad personal. Esposa e hija El incidente ocurrió en la residencia del jefe de gobierno conocida como la Quinta de Olivos, ubicada a escasos cinco kilómetros de Buenos Aires, durante la madrugada del domingo. Kirchner, su esposa Cristina Fernández, y una de sus hijas, Florencia, dormían en el chalé presidencial y un intruso que llevaba una mochila ingresó a la quinta y estuvo durante tres horas sin ser detectado por la guardia de seguridad. El desconocido saltó el cerco perimetral de la residencia, llegó al chalé, incluso golpeó una ventana de la casa de huéspedes, donde descansaba una asistente de la primera dama, conocida como Maquena a la que pidió un vaso de agua, un gesto como para hacer más notoria su presencia y después de tres horas, se retiró tal como había llegado. A raíz de este hecho que conoció el domingo al mediodía, Kirchner relevó de inmediato a tres de los militares responsables, entre ellos al jefe de seguridad de la finca, el teniente coronel Guillermo Abrahim. Episodio aislado Kirchner asegura que «no se descarta nada», ni que se trate de un episodio aislado, ni tampoco que hayan querido atentar contra él. En las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad se constató que la alarma funcionó correctamente y que, por causas que todavía se desconocen, el personal no respondió a la emergencia. El intruso es un hombre de mediana edad, según puede apreciarse en las cintas grabadas. La inusual circunstancia hizo que se revisase toda la propiedad en busca de explosivos y se analizase el agua potable y el sistema de gas. Los tres cordones de seguridad habían fallado; podían haber volado el chalé donde descansaba el jefe de gobierno. Ahora el presidente tiene más dudas y más temores. Viaja en aviones de la compañía Aerolíneas Argentinas a 4.500 euros la hora de vuelo. La seguridad en la quinta de Olivos fue triplicada. Pero no obstante, Néstor Kirchner no está tranquilo.