La vida truncada de Sara Alonso

E. V. Pita VIGO

GALICIA

La jueza autoriza a su tío a recoger el cadáver de la joven en nombre de la madre y proceder a su entierro a mediados de semana en la parroquia de Liñares, en As Neves.

18 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La titular del Juzgado de Instrucción número 3 concedió ayer autorización para entregar el cadáver de Sara Alonso a su tío José. Éste recibió un poder notarial de la madre, quien permanece en Madrid, para recoger en su nombre el cuerpo de su sobrina. Todo apunta a que el entierro de la camarera se celebrará a mediados de semana, probablemente mañana, en la parroquia de Liñares, en As Neves. Se cierra así el último capítulo de la biografía de Sara Alonso, ejemplo de joven independiente y trabajadora. Suso, el jefe del bar Reconquista, en la céntrica plaza de la Princesa, toma un café en la barra. «Esto se ha convertido en un circo. ¿Hablar para qué? Antes sí, cuando ella estaba desaparecida y tenía esperanzas», dice dolorido. El jefe trataba como una familiar más a su empleada y fue el primero en denunciar su desaparición el 19 de septiembre, cuando no acudió al trabajo y tampoco estaba con el ex novio. Sara Alonso González habría cumplido 25 años el próximo 11 de noviembre. Como dijo su padre biológico, Pablo Leirós, «ella no tuvo una vida fácil». Nacida en Valladolid, su progenitor la vio por última vez cuando era un bebé de mes y medio. La madre le dio sus apellidos y emigró a Madrid. Su abuela la crió en la aldea de Liñares, en As Neves. Isabel, su amiga más íntima, la conoció en el colegio Pazo de la Merced de As Neves. Sara dejó el instituto para servir en las casas. «Del aire no se vive», dice Isabel. Sara fue la asistenta de un tío suyo de Liñares y después de varias familias de Ponteareas. Allí entabló un noviazgo con Enrique Malga y vivieron juntos en un piso. Éste define a su ex novia como «una buena chavala. Todo lo bueno de ella es lo que recordaré». Lo dejaron hace tres años. La joven se tomó bien la ruptura. «No era de las que se deprimen», dice la amiga. En la Semana Santa del 2001, con 21 años, ambas alquilaron un apartamento en el hotel Bahía de Vigo. Sara trabajó de camarera en el restaurante Bogavante, en la bulliciosa plaza de A Pedra. Restaurantes Nueve meses después, ella se fue a vivir con dos compañeras. El restaurante cerraba dos meses al año y «no podía permitirse el lujo de parar». Por ello, en la Navidad del 2002, cambió de empleo. Los clientes del Reconquista recuerdan su carácter extrovertido. Hace un año, la joven se mudó a un estudio en el número 56 de la calle Aragón. Sus vecinos María y Miguel hicieron buenas migas con ella. «Era limpia y ordenada. No se oía música ni fiestas», afirman éstos, ahora portavoces de la familia. A primeros de este año, Sara rehizo su vida sentimental con Enrique Malga y compartieron el piso unos meses. Pero lo volvieron a dejar en julio. «La vi por última vez un mes antes. Ella estaba bien. Yo rehice mi vida con otra persona y supongo que ella también», explica su ex novio. Éste reconoció el cadáver de Sara por un anillo.