Todo por el bienestar de los hijos

Guillermo Pardo REDACCIÓN

GALICIA

Emilio González afirma que no vinieron a Galicia a hacer las Españas, sino a intentar que su descendencia logre la estabilidad que no encuentra en su país

24 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A Emilio González se le humedecen los ojos cuando habla de Marcelino, el gallego que le alquiló el piso de A Coruña donde vive y sin cuya ayuda estaría de regreso en su Montevideo natal sin haber podido cumplir el objetivo que le trajo a Galicia: lograr estabilidad para sus hijos. Este hombre de 56 años sabe mucho de Galicia y de gallegos. «Yo me crié entre gallegos. De hecho, mi mejor amigo -afirma- es de Bande (Ourense). Llegó a Uruguay con nueve años y nos criamos juntos. Hizo mucho dinero y se fue a Venezuela, donde reside. Ustedes, los gallegos, son gente muy trabajadora y distintos a nosotros, los uruguayos: ustedes viven para trabajar, al contrario que nosotros». Vino a A Coruña en el 2000 por indicación de un paisano que lo recibió en el aeropuerto y lo instaló en una pensión, base desde la que comenzó a buscar empleo para traer a su familia: Cristina, su esposa, y sus hijos Leticia y Pablo, de 26 y 16 años. Quince días después de iniciada la aventura llegó la decepción, la amargura del desubicado, un fuerte sentimiento de abandono y el no menos fuerte deseo de regresar a su tierra. : «Yo pensaba: 'Los gallegos son como nosotros, así que aquí es como si estuviera en Montevideo'. Pero en todos los sitios donde pedía trabajo me rechazaban porque no tenía documentación o por ser sudamericano. ¡Fíjese, a mí, que provengo de una ciudad donde la mitad de la población es de ascendencia gallega, me decían eso! Fue duro. Para ahorrar me alimentaba de jamón cocido con pan y refrescos de cola». Un buen samaritano Pero los caprichos del destino son insondables, así que, por si fuera poco, un día Emilio se dejó la billetera olvidada en el baño de la pensión. A la mañana siguiente llamó a todas las habitaciones: «Tras abrirse una puerta -relata-, un gallego me preguntó: '¿Está buscando esto?', mostrándome la billetera con todas mis pertenencias. Eso me animó porque pensé que en un país donde la gente es honesta tiene que haber oportunidades. Luego me recomendaron que me asesorase con Ecos do Sur, organización que me ayudó a arreglar los papeles. Y encontré trabajo como camarero», ocupación que desempeña en una empresa de cátering. Con ese apoyo en el bolsillo tuvo fuerzas y argumentos para encarar la situación con su mujer y plantearle que se reuniese con él. Ella así lo hizo -su hijo llegó más tarde-, y ahora trabaja también en el ramo de la hostelería.