El director Morgan Spurlock triunfa con un documental rodado en primera persona en el que engordó 12 kilos alimentándose durante un mes sólo con hamburguesas
23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El director norteamericano Morgan Spurlock se hizo rico, gordo y famoso. Rico, porque hizo una película con un presupuesto de 60.000 euros que en pocas semanas le reportó 18 millones; gordo, porque el éxito de la cinta consistía en eso, en ponerse como un kiko comiendo hamburguesas mañana, tarde y noche; y famoso, porque apenas lo conocían más allá de su barrio hasta que se hizo rico y gordo. Este joven director, que participa con su documental en la sección Zabaltegi del Festival de Cine de San Sebastián, se lanzó al estrellato con Super Size Me. La cinta investiga la epidemia de obesidad que azota Estados Unidos y es el gran fenómeno de la temporada. Lo que empezó siendo una mordaz investigación sobre las causas de que dos de cada tres adultos estadounidenses sean obesos se acabó transformando en un sombrío thriller gastronómico. Todo empezó cuando Morgan Spurlock vio en la tele a dos chicas que habían demandado a McDonalds. Acusaban a la cadena de comida rápida de haber provocado su obesidad. Spurlock decidió entonces investigar el trasfondo de la noticia. El problema es que, además de filmar las pertinentes entrevistas con expertos y gente de la calle, el director decidió ofrecerse como conejillo de indias para llevar a cabo un curioso experimento: desayunaría, comería y cenaría el súper menú del McDonalds durante un mes. Las consecuencias físicas de la prueba quitan el hipo: su peso aumentó en doce kilos, se le dispararon los niveles de azúcar y colesterol y sufrió de dolores en el pecho, asma y arritmia cardiaca. Espantados ante su repentina mutación en bola de grasa, los médicos de Spurlock le dieron un ultimátum: o abandonas cuanto antes este dislate o acabarás en el arroyo. Como no podía ser de otra manera, los portavoces de McDonalds se han apresurado a negar que lo visto en la película tenga algo que ver con la realidad. Cuentan que la multinacional, en su día, despidió a Willard Scott, legendario creador del personaje de Ronald McDonald, símbolo de la cadena. Las razones: estar demasiado gordo para poder interpretar el papel de payaso comehamburguesas... No obstante, a raíz de la película, la empresa anunció que dejaría de vender las raciones más grandes e incluiría menús con agua y ensalada. Visto lo visto cabría preguntar por qué Spurlock no dejó las escenas de riesgo, a la manera del cine de acción, en manos de un especialista ¿Es acaso un exhibicionista compulsivo? ¿Masoquista por naturaleza, quizás? El cineasta nos saca de dudas: «No podía confiar en nadie más para hacer esto porque estoy seguro de que lo primero que haría esa persona nada más llegar a casa tras el rodaje sería abalanzarse sobre un plato de brécol o de espárragos». Periodismo El director estadounidense, en su empeño por adoptar el rol de sufrido consumidor, recogía así el testigo de una vieja tradición periodística, la del «transformismo de investigación», o cómo colocarse en el centro del huracán independientemente de las consecuencias. Quién iba a decirle a Spurlock que bastaba con comer en el McDonalds para ser admitido en un exclusivo club que acoge a socios tan variopintos como Hunter S. Thompson, que se convirtió durante un año y medio en un ángel del infierno (paliza final incluida), o Günter Wallraff, transformado en un inmigrante turco que acaba trabajando de cobaya en una central nuclear alemana. El propio Spurlock se situó a sí mismo en esta tradición periodística cuando reconoció que una de las principales fuentes de inspiración de Super Size Me fue el soberbio libro de investigación de Eric Schlosser, Fast Food Nation. Spurlock advirtió que tiene una larga lista de trapos sucios de EE. UU. para lavar. «¿Sobre Bush?», le preguntaron. «Espero que dentro de 30 días no tenga que preocuparme de él», respondió.