Con espíritu de superación

Guillermo Pardo REDACCIÓN

GALICIA

XOÁN A. SOLER

Cambió su Santiago natal, el de Cuba, por otro Santiago, el de Compostela, donde estudia para obtener el doctorado en Bioquímicas

20 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Su apellido lo dice todo de ella. En su rostro se adivinan los trazos de la determinación que conduce su vida, marcada por el sacrificio y el convencimiento de que más vale ser cabeza de ratón que cola de león. Berta Victoria es uno de tantos miles de cubanos que, serios y rectos en actitud y sólidos en formación, buscan ampliar sus horizontes y establecerse a cuenta de esfuerzo y trabajo. Casualidades de la vida o jugada del destino, el caso es que esta mujer de reveladores ojos verdes, nacida en Santiago de Cuba, ha recalado en Santiago de Compostela después de haberse licenciado en Bioquímicas por la Universidad de La Habana, en uno de cuyos institutos trabajó durante ocho años tras haber obtenido la licenciatura. El título no fue suficiente para ella y se fue a Holanda con una beca, que tampoco colmó sus inquietudes y sus aspiraciones. El deseo de alcanzar mayores cotas académicas la llevó a plantearse el doctorado y fue así como llegó al otro Santiago de su vida, en cuya Facultad de Biología le fue aceptada la matrícula. Vive, no obstante, con familiares en A Coruña desde octubre del 2002. -¿Cómo se puede hacer un doctorado sin beca ni trabajo? -No es fácil. Me empleo en lo que aparece y recibo muy buena ayuda de mi familia y mis amigos. Trato de conseguir una beca y de que la Unión Europea dé el visto bueno a un proyecto que hice en colaboración con la Universidad de Santiago y la institución holandesa que me acogió durante la etapa como investigadora. Berta es una mujer ambiciosa y decidida a hacer honor a su apellido. La dedicación a su carrera fue y es constante. «Me he consagrado a ella -afirma-, siempre tratando de superarme para llegar a donde me propongo y ser útil a la sociedad». -¿Se siente aceptada e integrada en el entorno en que vive? -Cada cual tiene su forma de entender la vida. En general, se me ha tratado como se debe. Algunas personas, sin embargo, me han hecho sentir extranjera y subestimada, aunque por mi aspecto no lo parezca y por raíces no lo sea, pues mis antepasados proceden de la región de Murcia, de donde viene mi apellido. A Berta Victoria le gusta Galicia. Lo dice y se le nota en el entusiasmo con que habla de la tierra, de su naturaleza, de sus árboles, de su comida, de sus gentes. «Extraño mucho Cuba -matiza- y me emociono muchísimo cuando escucho su música o veo imágenes del país. Luego están mis padres, las personas a quienes más quiero en este mundo. Los echo mucho de menos». Suena a morriña, ese estado anímico del que tanto saben nuestros paisanos que, como esta nueva gallega, un día hicieron las maletas para marcharse en busca de la sal de la vida.