Empieza la feria

LOIS BLANCO

GALICIA

ESTO VA de los Presupuestos Generales del Estado. Asunto tedioso como el de echar las cuentas con la nómina, pero igual de trascendente.

18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Porque si los presupuestos no fueran los que fueron durante la segunda mitad del siglo XIX, el tren no hubiese entrado en Galicia con veinte años de retraso. Si fueran otras las cifras del Estado durante la primera mitad del siglo XX, no habría que esperar a 1943 para comunicar por ferrocarril los polos de desarrollo de Vigo y A Coruña. Al asunto, pues, le sobra trascendencia. Las mismas vías de entonces son por las que van a traquetear hoy miles de viajeros a ritmo parsimonioso y zigzagueante. Porque más tedioso que el asunto de los presupuestos resulta salir de Galicia en tren. Da igual por Monforte o por Ourense; en el Expreso o en el Talgo. Lento e incómodo, nuestro ferrocarril sólo es competitivo para un concurso de decorados de películas de época. El director no tendría ni que apartar cables para el rodaje, porque sólo una pequeña parte de la vía está electrificada. El Consejo de Ministros -siempre trascendente y tedioso- aprobará el viernes los Presupuestos para el 2005. Y empezará la fiesta. Los socialistas van a defender la cifra de inversión que salga del despacho, en Fomento, de la malagueña Magdalena Álvarez para el Plan Galicia. El PP la rechazará por no alcanzar los mil quinientos millones acordados en el Parlamento con el Bloque, que se está haciendo de rogar para darle el sí en el Congreso a las cuentas del PSOE. En vez de la de abril, esta semana comenzará la Feria del Partidismo. Cuando el Prestige se partió, cada bando político se fue por un lado. Con las inversiones de los presupuestos para el Plan Galicia, también estamos partidos. Es como una peste; siempre divididos en los asuntos trascendentes. La construcción del AVE, de las autovías interiores o del puerto exterior -infraestructuras comprometidas por un Consejo de Ministros-, trascenderá a las próximas elecciones a la Xunta, a las siguientes a la Moncloa y a varias más. Por eso es ridícula la división partidista originada por unos intereses electorales inmediatos. Ridícula y, además, perniciosa para el Plan Galicia, porque puede originar la misma consecuencia que los historiadores atribuyen a la actitud localista de la burguesía comercial: provocó un atraso irrecuperable en la unión por tren entre las ciudades de esta periferia.