Olímpicos y en el Camino

Rubén Santamarta Vicente
Rubén Santamarta ENVIADO ESPECIAL

GALICIA

R.S.

«Yo me hago 10 kilómetros en 5 minutos y 20 segundos», se jactó Aznar durante la presentación de un libro sobre deporte en Madrid. Aquel envite del ahora ex presidente tenía por responsable último a Bernadino Lombao, ex atleta, récordman español y preparador físico del líder popular desde 1996. «Al presidente [sic] aquello se le interpretó mal, por el poco conocimiento deportivo que hay en este país», decía ayer el entrenador en la terraza de un local de Las Herrerías, en El Bierzo, antes de afrontar la subida a O Cebreiro. Sigue siendo deportista de primera, aunque ahora también es peregrino acompañante; tanto que lleva un palo de golf a modo de báculo y un trozo de toalla en la frente. Eso sí que es hacer un camino chic. ¿Y a quién acompañaba? Lombao, dicharachero, campechano y algo extravagante, no se ha traído a Aznar. Ni hay previsión de que lo haga. Iba de turisteo junto a otro célebre deportista: Jesús Carballo, Carballo padre, entrenador de la selección femenina de gimnasia que decepcionó en Atenas. Aterrizó de Grecia y casi sin tiempo para cambiarse se lanzó a la gran ruta. Ya la hizo el año pasado, pero esta vez es porque su nuevo hijo «nació bien». Arrancó en León. Mochila, deportivas, mapa al cuello, crema solar y a caminar, en solitario hasta que en aquel pueblo berciano le cazó su amigo para comer (invitó Carballo) y luego echarse juntos al sendero. «Faltan unos 9 kilómetros... en apenas una hora estamos arriba [O Cebreiro]», indica Lombao. «No, Bernardino, serán dos», tercia Carballo. Del diálogo se intuye cómo se creaban las grandes marcas olímpicas del ex presidente. ¿Y qué ha sido, deportivamente, de Aznar? «Hombre, pues yo estuve esta semana pasada entrenando con él, uy, le encanta», comentaba Lombao a los comensales antes de dar cuenta de una ensalada y un pollo de corral. Sonreía después de darse cuenta de que se le reconoce; semejante personaje es difícil que pase desaparcibido. Quién ha olvidado sus peripecias en televisión -se le comparaba con Arguiñano- o sus exhibiciones públicas haciendo el pino. Por cierto, tardaron algo más de dos horas y media en llegar a O Cebreiro desde Las Herrerías; un paseo, vamos. Lombao arrancaba luego para Madrid, aunque Carballo le insistiese en que llegaran juntos a abrazar al Apóstol. Compromisos.