La misa que acabó a palos

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

GALICIA

Los clanes calés de Vilagarcía aprovecharon un oficio religioso por un fallecido para enzarzarse en una disputa que se saldó con un herido y un coche destrozado

25 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Bodas, bautizos y entierros son ocasiones únicas para compartir con la familia o para resolver con ella cuentas pendientes. Fue lo que les pasó ayer a los gitanos de Cornazo -un asentamiento creado en Vilagarcía en los años setenta- cuando invitaron a sus parientes de Rubiáns a un funeral. El oficio religioso se celebraba en la iglesia parroquial, en cuyo cementerio los residentes en el poblado tienen una larga calle llena de panteones con curiosos adornos. La misa era a las once de la mañana, pero según los vecinos, a las nueve empezaron a llegar ya gitanos de todas partes, hasta alcanzar el centenar. Contra lo previsto, los invitados se enzarzaron en una fuerte discusión y, según vieron de lejos los vecinos, «porque alí non se acercaba ninguén» -comentó un testigo-, pronto pasaron a las manos, momento en que a los lugareños les pareció oportuno llamar a la policía. Hasta la iglesia se desplazó una patrulla de la Policía Local de Vilagarcía y otra de la nacional. Cuando llegaron, aunque los patriarcas trataban de poner orden, los gitanos andaban a palos unos con otros, y había un herido leve y una furgoneta medio destrozada. El móvil Los motivos de la batalla campal no se conocen muy bien. Los vecinos no se acercaron a preguntar, y los agentes de la policía tampoco estaban muy seguros. Se supone que los celos andaban por medio, o que una chica de un clan se juntó con uno de otro que la familia no quería. Al funeral asistieron gitanos de tres clanes. El originario es el de Cornazo, donde se construyeron un conjunto de casas alrededor de una escuela que todavía funciona. Pero los hijos se fueron marchando y crearon otro asentamiento en la vecina parroquia de Rubiáns y, al parecer, algunos se casaron con gitanos del polémico poblado de O Bao, del que también había representación en el funeral. Aunque sin llegar nunca a la conflictividad de sus vecinos de Poio -donde se asienta el poblado de O Bao-, los de Cornazo son un mundo aparte, un clan marginal y marginado. Al lado de sus casas, una monja decidió en los años setenta crear una escuela para paliar el analfabetismo en la raza calé. Integración compleja Aquella instructiva iniciativa, con el tiempo, derivó en marginalidad, ya que los niños gitanos no se relacionan con los payos, van a clase cuando quieren y siempre dejan el colegio antes de cumplir los 16 años sin que a la Administración educativa le importe lo más mínimo. Un sistema poco efectivo para que los miembros de esta comunidad se integren en la sociedad que les rodea.